miércoles 11 de noviembre de 2009

Cine club: El pianista (2002).

LES PIDO PACIENCIA, ANDO HASTA ARRIBA DE TRABAJO. PREFIERO, AUNQUE SEA POCO A POCO, IR ESCRIBIENDO.

Hoy me tocaba escribir sobre la segunda parte de Rec, pero resulta que me descargué El Pianista, de Roman Polanski y no pude resistirme, primero a verla y luego a reseñarla aquí. La historia es la de Wladyslaw Szpilman, un pianista polaco-judío que sobrevivió al getto de Varsovia, durante las deportaciones a campos de exterminios. La historia de Szpliman es, en cierto modo, la de Polanski. Nacido en Francia, en 1936 su familia regresa a Polonia -de donde era originaria la madre-. Allí son internados en el getto de Cracovia tras la invasión alemana del país. Su madre morirá en Auschwitz. Roman, nacido en 1933 logrará huir del getto, haciéndose pasar por católico.

El horror.
La vida de Szpliman, soberbiamente interpretado por Adrien Brody, es la vida normal de un artista. Toca el piano en la radio polaca, hasta la invasión alemana de 1939. Desde ese momento su vida da un giro de ciento ochenta grados. Lo único que puede hacer es sobrevivir. Trasladado junto a su familia al getto de Varsovia, allí se hacinan casi medio millón de judíos polacos.
Polanski nos lleva a esas calles y lo hace demostrando muy poca fe en el género humano. Vemos la brutalidad de los nazis; la indiferencia de los propios judíos, muchos interesados en lucrase de la situación o capaces de integrar una policía tan brutal con los judíos como los propios alemanes y evidentemente, a los polacos, que como los judíos permanecen indiferentes o se intentan aprovechar de su desgracia.
El horror se nos muestra de forma cotidiana. No vemos nunca un campo de exterminio... ¿hace falta? ¿no son de por si las muestras de violencia "cotidiana" que presenciamos? Los muertos tirados en la calle, apenas objetos ante los que todos permanecen indiferentes,

Durante muchas partes de la película los alemanes son presentados casi como esperpentos, gordos, brutales... como personajes de la novela gráfica Mauss, mientras que los judíos se van convirtiendo apenas en muñecos desprovistos de vida y voluntad.

Robinson Crusoe.
Durante la segunda mitad de la película, el peso de la misma cae sobre el protagonista, convertido en una suerte de Robinson Crusoe. Su isla, el apartamento en el que se refugia. Su salvación y al tiempo una cárcel. Desde ella se va desprendiendo de capas de su personalidad. Su familia, sus amigos, todo va desapareciendo hasta que su propia identidad queda en el aire. Hasta que como Robinson, a su isla llega Miércoles. Este con forma de militar alemán.

viernes 6 de noviembre de 2009

Videos empantallados: Danger 50000 Volts-Zombies.

Estaba buscando algún vídeo de The world´s end, película protagonizada por Simon Pegg, en la que por lo que intuyo tocará el cine apocalíptico, haciendo una lectura similar al cine de zombis en Shaun of the dead o al policiaco en Hot Fuzz. Pero no encontré nada.
Lo que si descubrí fue un programa, presentado por Nick Frost: Danger 50000 volts. En este -leído en la wikipedia- tocan en clave humorística diferentes situaciones de riesgo. Uno de los episodio va sobre zombis, lo que al tiempo me ha recordado -también- en la adaptación de la Guía de superviviencia zombi, de Max Brooks.

Desgraciadamente, el vídeo solo esta en versión original. Pero si puedo decir que merecen verdaderamente la pena.





jueves 5 de noviembre de 2009

Preview: Celda 211.

Este viernes se estrena Celda 211. Dirigida por Daniel Monzón, adaptando la novela de Francisco Pérez Gandull, cuenta con un actor que -personalmente- me encanta: Luis Tosar.
La historia es la de un funcionario de prisiones que, en su primer día de trabajo termina metido en un motín. La única solución que encuentra para sobrevivir es hacerse pasar por un preso más.
Además de a Tosar, en el reparto encontramos a Carlos Bardem, Marta Etura, Antonio Resines y Alberto Ammann.

lunes 2 de noviembre de 2009

Infectados (Carriers).

Road warrior. El guerrero de la carretera. Eso es lo que aparece pintado en uno de los coches de los protagonistas de Infectados (Carriers) y también era el subtítulo de la segunda parte de la saga Mad Max. Como en la película de George Miller, cinta la dirigida por los hermanos Pastor (Alex y David) se sitúa en un próximo y apocalíptico futuro. En la australiana el caos era provocado por una Guerra nuclear -el gran miedo de la época de la Guerra Fría-, en esta es un virus (ese terror tan nuestro) el que ha arrasado con la población del planeta. En ambas cintas los supervivientes viven de rapiñar las sobras del mundo de antes, aunque eso implique pasar por encima de otros seres humanos, haciendo buena la frase de Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre.
En un mundo donde el orden social preestablecido ha desaparecido, en el que reina la desesperanza y no hay futuro... no queda nada. Ese espíritu la pone en conexión con otra obra que nos sitúa en un mundo reducido a añicos, La carretera de Corman McCarthy. En las dos historias hay una serie de elementos paralelos, un grupo familiar recorriendo una carretera; el destino final, una playa en la que esperan encontrar algo que les permita mirar el futuro con esperanza.

Chirs Pine (Brian) y Lou Taylor Pucci (Danny) interpretan a la pareja de hermanos, acompañados por la novia del primero Piper Peraboo y por la enigmática Kate (Emily Van Camp), de la que poco o nada sabemos. Son supervivientes de una plaga que ha arrasado el mundo y se dirigen hacia el lugar del que guardan hermosos recuerdos de niñez.
En el trayecto descubrirán que la infección no es el peor de los males que les aguardan.

Es interesante una idea. Lejos de lo que, a priori, podría parecer, esta no es una película de zombis, ni infectados. Me parece que, sobre todo, es una historia sobre los humanos y hasta que punto somos capaces de llegar, pasando por encima de nuestra humanidad con tal de sobrevivir un día más.
En este sentido, me ha interesado el personaje de Kate. De ella, prácticamente, no sabemos nada, apenas cuatro datos. Al menos no de antes de la infección. Pero hay un par de detalles a destacar. Su mirada cada vez que ve un teléfono, el gancho con el viejo mundo y, por otro, su inquebrantable voluntad de sobrevivir, más allá de cualquier remordimiento o duda -como muestra de adaptación a la nueva realidad-.

La estructura de la película parece responder de la propia vía que transitan los protagonistas y que hace inevitable, de nuevo, la referencia a La carretera como más que posible referencia.
A lo largo del camino presenciamos diversos episodios (el encuentro de un padre y su hija enferma, el hallazgo de un refugio...) que no hacen más que reforzar la sensación de angustia y la falta de esperanza de la que hablaba al principio.

También hablaría de las similitudes que guarda con Zombieland: la existencia de reglas en un mundo que las ha perdido; el viaje y no la búsqueda de un refugio... con la salvedad que donde una lo hace desde un punto de vista cómico, la otra es un drama. De hecho, me atrevería a decir que durante gran parte del metraje el elemento dramático cuenta con un peso mayor que el de terror; más aún, diría que este se hace presente muy pocas veces y cuando lo hace es casi más como amenaza que como peligro real. Resulta, además, significativo como este proviene en la mayoría de las ocasiones de los sanos y no de los infectados como se podría pensar. En cierto modo es como si quisiera plantear que, en el fondo, todos están infectados-afectados. Unos mueren, los otros viven una vida que no es tal.

Ya destaqué a una de las protagonistas (Van Camp), pero también llamaría la atención sobre el televisivo rostro de Christopher Meloni, quien interpreta al padre de una niña enferma a la que encuentra, quien da pie a una serie de referencias acerca de la naturaleza de la enfermedad como posible carácter de "castigo divino", que a más de uno le recordarán lo que se dice de otras enfermedades (particularmente el SIDA). De nuevo, esto conecta la película con un miedo muy de nuestra época, el contagio y los virus -solo hay que ver lo que se dice de la gripe A-.

En lo que si me pareció más flojita la película es en los hermanos protagonistas, cuyos roles son bastante tópicos. Uno (Pine) es el protector, que se enfrenta a la realidad de forma fría, el otro (Pucci) es un idealista que aún cree que hay esperanza. En líneas generales si me atrevería a decir que esa parte es la que menos me ha gustado, aunque el tono general de la cinta y el final, que deja una sensación de profundísima tristeza hace que Infectados merezca la pena y esperar muy buenas cosas de los hermanos Pastor.

lunes 26 de octubre de 2009

Si la cosa funciona (Whatever works).

Cada año -desde hace veintinueve- y de manera incansable, Woody Allen nos ofrece una nueva película. Esto hace que la calidad de sus obras sea un tanto dispar. Al menos, desde la lógica. No se puede parir una genialidad tras otra constantemente. De este modo diría que ha tenido algunos bajos y muchos altos (uno de ellos Match point, de la que me confieso enamorado).

Por otro lado, sus últimas películas las ha filmado en Europa (Londres, Barcelona...), lejos de su decorado habitual, Nueva York. Eso no ha sido, sin embargo, obice para que todas sus historias se desarrollen dentro de unos parámetros bastante claros. Lugares comunes. Uno de ellos, nos dice que Dios no existe y que el ser humano es poco más que una marioneta que sufre los vaivenes del destino, con la fictícia esperanza de que haya algo más.

El origen de la genialidad de Allen, o uno de ellos, es que con esos mimbres logra construir diferentes historias. Si disfraza la historia de drama o intriga, obtendríamos El sueño de Casandra o Match point; si se enfoca desde la comedia veríamos algo como Si la cosa funciona (Whatever works).

Boris Yelnikof (Larry David) era profesor universitario, aspirante al Nobel. Un genio, que un día ante la certeza de lo inútil de la existencia humana cambia de vida. Egoísta, huraño y descreído, vive en un modesto apartamento y trabaja como profesor de ajedrez -paradójicamente, una metáfora del Dios-demiurgo que maneja a las personas como peones-. Pero todo cambia cuando una noche se encuentra con Melodie (Evan Rachel Wood) una pueblerina, recién llegada del sur profundo de los Estados Unidos.

La película tiene una trama muy teatral (que a mí si me ha gustado), tanto en su planteamiento como en sus localizaciones, mucho interior salvo cuando Boris le enseña a Melodie los lugares más típicos de Nueva York. En cierto modo me ha recordado a las comedias de Shakespeare por el tono burlesco; la manera en la que persigue oponer carácteres socialmente opuestos, solo hay que ver a Boris y Melodie, o a este, un comunista ateo, frente a la madre (Patricia Clarkson) -religiosa y consevadora- y como la trama se dispersa en un momento dado para concretarse al final.

Pero si en algo se soporta la historia sobre todo es en la interpretación de sus personajes y fundamentalmente en Boris, a través sus reflexiones en forma de monólogos a cámara y su acidez, el elemento alrededor del que se articula el resto de la trama con su leiv motiv, la frase que da título a la película, en el que se contiene la idea que ante la inexistencia de nada, más allá del aquí y ahora, lo importante para vivir es que la cosa funcione; pero también destacaría en un momento dado su amargura y la sensación de que todas sus palabras no son más que una pose ante el dolor de vivir.
Larry David está genial, en el típico "personaje Allen", con sus tics, sus manías, sus filias y sus fobias, el único que habla directamente a la cámara y que fustiga a todo el mundo con sus comentarios. Evan Rachel Wood es la otra sorpresa del film, en un rol que también recordará a otros personajes femeninos del director (Scarlett Johansson, Diane Keaton, etc), una chica deslumbrada por el intelecto de Boris, quien termina actuando a modo de Pigamleon, transformándola; e igualmente, me ha parecido maravillosa Patricia Clarkson, la madre de Melodie y su transformación en artista liberada. Por contra, el padre-esposo (Ed Begrely Jr.) si me quedó un poco descolgado, dando la sensación de que su aparición "sólo" tiene como fin cerrar la historia.

Algo que comentaba al principio y que alguno podría achacar es la presencia de ciertos tópicos, bastante habituales en la filmografía de Allen. Pero como decía, su gran mérito es ser capaz de contar historias con ellos, porque que sean recurrentes con implica estereotipados o que no enganchen. Lo que si vi fue un cierto giro en el guión -la infidelidad- que si bien necesario no me termino de parecer bien cuadradado.De todos modos, sin ser una película sobresaliente, funciona y diría que bastante bien.

jueves 22 de octubre de 2009

Número 9 (9).

Hace un tiempo, cuando se estrenó Beowulf fuí muy crítico con ella. Me parecía (me parece) absurdo utilizar la animación infográfica para -limitarse a - representar el mundo real. Desde entonces, creo que por un lado la técnica ha seguido evolucionando pero también, y muy importante, las historias. Wall-e o Up indican cual puede ser el caminar a seguir por este género, el de crear una realidad a partir de lo real, no imitándola fielmente, sino utilizándola como un recurso para construir otro mundo. Los parajes por los que deambulan los personajes de 9 comparten esa cualidad, es un mundo destruido, devastado, repleto de escombros del que fue nuestro mundo. En ella vemos como una guerra entre hombres y máquinas ha arrasado el planeta. Los únicos supervivientes son unos seres de tela que se esconden de una amenaza que les acecha.

Pese a que estéticamente la película me ha gustado, lo que realmente me ha impresionado de esta película, dirigida por Shane Acker y con Tim Burton y Timur Bekmambetov, son algunas de las ideas que se esconden detrás.
La primera me ha hecho pensar en Metrópolis, la película de Fritz Lang. Como en esta, nos encontramos ciencia y magia estrechamente relacionada, casi en un sentido medieval más próximo a lo alquímico. Solo así se explica el origen de los protagonistas.
Por otro lado, hay una interesante oposición entre fe y tecnología. No en vano, mientras los protagonistas se refugian en una iglesia, "el mal" nace de una fábrica, originado engrendos mecánicos que imitan a seres vivos. Un plano significativo es en el que los protagonistas huyen de su refugio para buscar cobijo en una biblioteca (¿El conocimiento y la ciencia enfrentados?). Esto cobra más importancia cuando uno de los protagonistas (1) viste casi a modo papal. Este es un valor, el de la metáfora muy presente también, otro ejemplo... El "héroe" de la función, 9, porta un bastón en el que cuenta con una bombilla encendida, ¿una luz para los demás personajes?

Igualmente, cuenta con diversas referencias. Una, Tim Burton, pero sobre todo en el diseño de las criaturas. No tanto en la historia, pero en el aspecto de muchas de ellas si que se aprecia su huella. Igualmente sucede con Matrix -aunque en cierto modo, por lo visto, ya es una referencia un tanto inevitable-. Aunque sitúa el conflicto "final" no en el futuro, sino en unos hipotéticos años 30-40.

En general, la película está muy bien, por los protagonistas -aunque yo me quedo con la pareja de "gemelos"-; la historia esta bien llevada, aunque pierde un poco de fuelle hacia su parte final, volviéndose un tanto... convencioanl y eso le resta algo de "épica".

miércoles 21 de octubre de 2009

Videos empantallados: Lonely day.

En un periodo de stand by desde 2005, System of a Down fue una de las bandas de rock de más exitosas de finales de los noventa-primeros años del nuevo milenio. Uno de sus mejores vídeoclips, para mí, es el de Lonely day (2005) -dirigido por Josh Melnick y Xander Charity- con voz de Daron Malakian (en lugar del habitual Serj Tankian) y en el que, visualmente, hay un homenaje a los míticos Pink Floyd.