sábado, 13 de octubre de 2007

1408


Lo reconozco desde la primera línea. Tenía esta película bajo sospecha desde que supe que se basaba en un relato de Stephen King. Pese a su éxito, o quizás debido al mismo, y ante su relación (desigual) con el cine, no dejo de ver cada nueva adaptación con malos ojos.

Pues resulta que con 1408 me he equivocado. Sin ser especialmente innovadora en su planteamiento, al menos en lo que respecta a King -un escritor desencantado, cuya vida personal hace aguas, especializado en desenmascarar hoteles encantados recibe una invitación en un hotel, donde descubrirá que no todo es mentira-, parecido al de otras historias como La mitad oscura, El jardín de atrás o el Resplandor, ha conseguido sorprenderme gratamente.

Pero voy a comenzar comentando lo que no me ha gustado. Primero, el ritmo. Si la miramos con malos ojos podríamos ver esta película como una edición de lectura fácil de lo que contaba El resplandor. Podría ser. Pero existe una cuestión que las diferencia. Si en la película de Kubrick el ritmo era lento, pausado -recordemos los travelling siguiendo al niño montado en su triciclo-, al fin y al cabo no había otra salida mas que el terror, en la de Michael Hafström no ocurre asi, por el contrario, prefiere optar por darle un ritmo de acción-pausa-acción.

Otra cosa que no me ha gustado es que hay momentos demasiados literarios, diálogos -como el de Samuel L. Jackson en la nevera (si han leído bien)- que explican la acción, cuando realmente no es necesario. Pero, en el fondo, esto no hace mas que responder a la necesidad tan presente en el cine de terror estadounidense de darle una explicación a todo (cuando muchas de sus grandes películas de terror carecen de una explicación, o al menos de solo una, como El exorcista...).






Por contra, y para mi sorpresa, 1408 tiene sus aspectos positivos. El primero, la habitación. Convertida en coprotagonista de la misma, más que casi todos los demás actores (salvo John Cusack). En ella se cruzan los ecos de H.P. Lovecraft, convirtiéndose en una puerta a otra realidad (como sucedía en el vídeojuego Silent Hill 4, cuya acción también transcurría en una habitación), fantástico el fragmento del sueño.

Acertado me parece, también que haya huido de todo efectismo. Hay sustos, pero prescinde de sangre, niñas-monstruos.... elementos en boga en el cine de terror actual. De hecho, el momento que más miedo me dio es cuando el protagonista observa su propio reflejo en una ventana (y no diré más).



Capítulo aparte se merecen los actores, en realidad el actor, porque comparte el peso con la habitación. John Cusack esta genial. Pese a ciertos aspectos tópicos de su personaje, lo construye desde la contención hasta llegar a desbordarse, pero (a diferencia de en El resplandor) esto no le lleva al histerismo. Todo lo contrario. Al final, en ese final que vemos que no es tan feliz como parece, porque su gesto revela que a cambio de creer algo de la habitación vivirá en él.

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