martes, 13 de noviembre de 2007

Películas que nunca veremos (1): Kaleidoscope


Pongámonos en situación. Mediados de los sesenta (1967), François Truffaut, termina de leer un guión. Sabe que lo que tiene entre sus manos lo que puede ser una obra maestra. Sin embargo, también sabe que su carga de sexo y violencia hace muy difícil, si no imposible, realizarla. Acababa de leer el guión de Kaleidoscope, de Alfred Hitchcock (1899-1980).

Tras Cortina rasgada y Marnie, que no contaron con el apoyo crítico, el orondo director británico consideró dar un giro en su carrera, pese a su edad (superaba los sesenta años) y a contar con un status importante en la industria.
Para ello partió de un suceso real, Neville Heath, un joven oficial de la RAF que en 1946 violó, mutiló y asesinó a dos mujeres, para luego ser condenado a muerte. En el guión de Hitch, (estructurado en tres crescendos, a partir de tres asesinatos) encontramos a un joven que atrae a las mujeres a su muerte. Para detenerlo la policía le pone una trampa, una mujer policía que se presenta como víctima potencial. Todo ello con una estética cercana a las novedades estilísticas llegadas de Europa, sobre todo a través de la Nouvelle vague.

Sin embargo, los directivos de la Universal se asustaron. Temieron que el tratamiento de la historia fuera demasiado radical, demasiado violenta y muy explícita en lo sexual, eso incluso cuando Hitchcock se ofreció a hacerla por menos de un millón de dolares, rodándola con actores desconocidos (pese a que llegaron a sonar nombres como Michael Caine o David Hemmings). Así el proyecto quedó en el cajón, pese a que años después recuperó algunas ideas para Frenesí (1972), hasta que el historiador del cine Dan Aullier encontró en 1999 unos rollos y documentación sobre la película entre el material que la hija de Alfred, Patricia Hitchcock, donó a la Academia de Ciencias Cinematográficas de Los Ángeles.

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