jueves, 3 de enero de 2008

30 días de oscuridad (30 days of night).


Con más de cinco meses de retraso se estrenará en España (y Argentina), el próximo día 8 de febrero la adaptación de la novela gráfica escrita por Steve Niles e ilustrada por Ben Templesmith: 30 days of night o, como se ha traducido aquí, 30 días de noche... con el título de 30 días de oscuridad.
La historia. En un pueblo de Alaska -Barrow-, durante el invierno se suceden treinta días de oscuridad total. Esta curiosa circunstancia (y al parecer real) es aprovechada por un grupo de vampiros para atacar, y saquear, el pueblo.



La primera imagen de la película es poderosa. La imagen de un barco encallado en el hielo, mientras que una versión moderna del Reinfeld de Bram Stoker (Ben Foster), se aproxima al pueblo. Sin embargo, a partir de aquí todo va cuesta abajo.

Me explico. Sin entrar en más detalles, se supone que la gente del pueblo esta sitiada y escondida durante casi un mes de los vampiros, pero la cuestión es que no hay tensión alguna. Si en lugar de treinta, hubieran sido tres los días... habría sido muchísimo mejor. Es decir, durante ningún momento se nos transmite la sensación opresiva de tener que estar encerrado que se supone deberían sufrir los habitantes del pueblo.

También es cierto, que durante gran parte de la película me he acordado de John Carpenter y me he preguntado que habría hecho el con este mismo material. Tan, al menos en principio, cercano al western (salvo que cambiando a los bandidos por vampiros). Eso me lleva a otro capítulo. El director. Recuerdo el brillante debut (lo cual ha aumentado la decepción de esta) de David Slade, Hard Candy. En aquella ocasión recurrió a cierto minimalismo formal, unido a unos cuantos golpes de efecto para construir una creciente atmósfera malsana. Por contra, en 30 días de oscuridad -además de la falta de tensión-, esos mismos toques resultan extremadamente truculentos (e inútiles), además de que presenta ciertos problemas en el montaje (como queda patente en el primer ataque al pueblo).


Pero no todo es malo, me ha gustado la caracterización de los vampiros (pese a que los personajes humanos, todos, resultan muy tópicos), más cerca del mito original del vampiro casi como una bestia (un acierto la imagen animalística que muestran), que de la habitual imagen romántica habitual en el cine.

1 comentario:

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