domingo, 24 de febrero de 2008

La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon)


Julian Schnabel parece interesado en personajes sometidos a situaciones extremas, en su última película, La escafandra y la mariposa, da un paso adelante al llevar a la pantalla la historia de Jean-Dominique Bauby, editor jefe de la revista Elle que sufrió un infarto cerebral que le dejó como consecuencia una parálisis casi absoluta, únicamente podía parpadear con su ojo izquierdo, mientras su cerebro funcionaba perfectamente (lo que, al parecer, se denomina "síndrome del cautivo").




Gracias a este parpadeo y a sus recuerdos se dedica a escribir un libro (el que da titulo a la película), donde recoge su experiencia y, que al tiempo le permite abrir una ventana a mundo.

Mientras la veía se me han venido a la mente de un lado, Terry Gilliam y de otro Johnny cogió su fusil (Johnny got his gun).
La referencia a Gilliam es bastante obvia, ¿quién mejor que el construye hoy mundo paralelos al real? Pero a diferencia del exmiembro de Monty Python, Schnabel no quiere alejarse de la realidad. Al contrario, lo que quiere es mostrar que aún queda una escapatoria, que la mariposa vive dentro de la escafandra, el deseo de ir más allá de un cuerpo que aprisiona a la mente, pero sin alejarse del mundo.

En Johnny cogió su fusil, Dalton Trumbo adaptaba su libro homónimo, en el que contaba la historia de un soldado que durante la I Guerra Mundial perdía sus brazos, sus piernas y cualquier capacidad para comunicarse con el exterior (vista, oído, voz). Su refugio eran los recuerdos de sus experiencias, reconstruidas y algunas alteradas como consecuencia de su estado. Pero a diferencia de esta historia antimilitarista, la cinta gala no es fatalista. Al contrario, trata sobre una manera de aceptar la realidad, pensando en la esperanza y la libertad de la mente. Lo que si tienen en común ambas la presencia del sexo, el deseo (presente en las escenas con las enfermeras), como fuerza vital.

Por otro lado me gusta mucho la metáfora del protagonista como un naugrafo dentro de si mismo. En esta labor juegan un papel importante el guión de Ronald Harwood (genial el inicio de la película), autor del libreto de El pianista, otro naugrafo, este en la Varsovia ocupada por los nazis. Que, al tiempo se une con la idea de la redención -otro de los grandes temas de la cinta-, la posibilidad de reconciliarse con el pasado, con aquellos hechos que dejamos atrás.

Por todo ello, La escafandra y la mariposa es una película hermosa, llena de secuencias increíbles (el afeitado al padre, la presentación de la logopeda y la terapeuta, la visita a Lourdes), que habría sido imposible de rodar en Estados Unidos, cercana al lenguaje de Chris Marker (autor también interesado en la memoria y creador de atmósferas oníricas que mezclan realidad y ficción) y repleta de preciosas metáforas visuales (el deshielo de los bloques congelados, el encierro en la escafandra...).

Por momentos es una historia casi abstracta, tremendamente visual (lo único que, creo, podría considerarse como una pega), en la que la escritura del libro actua como hilo conductor de la narración. Es una historia dura, pero no por ello ajena a la esperanza y salpicada de ironía. Y por eso es bella, porque encuentra belleza donde no debería existir; por eso nos toca la fibra el padre -un magnífico Max von Sidow- que no sabe que decirle a su hijo por teléfono; por eso comprendemos la esperanza que intenta transmitirle un desconocido que va a visitarle. Y así podemos entender la película como un canto a la vida, una historia de reconciliación, un atar cabos que nos permita ser libres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario