lunes, 14 de abril de 2008

El Diario de los Muertos (Diary of the Dead).


Jean Renoir decía que un director solo hace una película, luego solo la repite. Esta cita, en el caso de George A. Romero es bastante aplicable. En 1968 dirigió La noche de los muertos vivientes y desde entonces, no ha salido del género de terror y la temática zombi ha sido recurrente en su filmografía -con mayor o menor suerte-.
Ahora retoma las pantallas con El Diario de los Muertos (Diary of the Dead), nueva muestra de un género que ultimamente anda muy vivo...



La película cuenta la historia de un grupo de estudiantes de cine que mientras ruedan una película oyen la noticia de que los muertos vuelven a la vida, lo que sería el día 1 del "levantamiento" zombi.

Una de las primeras cuestiones es que Romero remite a planteamientos ya vistos en sus películas anteriores: grupo pequeño, aislamiento, entornos reducidos, crítica social, la presencia de minorías étnicas, la protagonista-heroína...

Estos elementos, que ya estaban presentes desde La noche de los muertos vivientes, le han dado resultados desiguales (véase La tierra de los muertos vivientes). Lo que si es cierto es que cuando Romero se ha limitado o se ha visto limitado a un cierto minimalismo, es cuando sus resultados han sido mejores. Mientras que cuando ha contado con más medios es cuando se ha aproximado al naugrafio.


Sin embargo, en este caso hay que significar también el aspecto formal de la película. No sé si puede decirse que sea una tendencia, no creo que sea un "movimiento", pero si es cierto que hay una orientación -en el género de miedo- a filmar cámara en mano como un intento de ponernos a la altura del apocalipsis.
Sobre el uso de la cámara mucho se ha hablado de El proyecto de la bruja de Blair y si aproximación a la realidad. Pero creo que esta conexión creo que se limita al nivel formal. Más interesante me parece la proximidad con otra película, con la discutidísima Señales.

Una escena de Señales nos mostraba las imágenes filmadas en cámara de vídeo de la aparición de un extraterrestre sembrando el pánico en una fiesta de cumpleaños. Por otro lado, toda la historia era la narración "a pie de calle" del fin del mundo. Intentaba mostrar la invasión alienigena desde la perspectiva de una familia media. Lo que sucede en El Diario de los Muertos, Cloverfield e incluso [Rec], la cámara no solo filma la historia, sino que quiere contar unos hechos desde una perspectiva cercana, poniendo el fin del mundo a nuestros pies.

Lo que ocurre con esta película es que está resuelta con altibajos. Los protagonistas, en su mayoría resultan antipáticos y, hasta cierto punto, tópicos. Hay excepciones, la protagonista y el profesor. Moralmente... resultan más que discutibles, interesados fundamentalmente por grabar lo que sucede (a la vez, la "excusa" de la película).
Con todo, tiene momentos interesantes: una de las primeras escenas, con los protagonistas encerrados en su caravana presentándose; un juego metalinguístico de referencias con el inicio de la película y con el terror clásico, el amish. Pero todo termina por rematarse con una moralina, quizás innecesaria.

George A. Romero ha hecho una película que intenta dar a los aficionados todo lo que esperan de una película suya, a la que le ha añadido una carga crítica contra los Medios de Comunicación. Pero Romero, como perro viejo, sabe lo que tiene que hacer, asi no decepcionará a nadie, pero todo sonará bastante a conocido.

pd. El estreno, el 15 de febrero en los USA, el 20 de marzo en Argentina y el 27 de junio en España. Podéis leer otra interesante crítica de la peli aquí, en el blog del Doctor Zombi.

2 comentarios:

  1. De las espectativas que me cree al saber de la existencia de esta película hasta ahora, la cosa ha bajado mogollón. Curioso, supongo que ya no me espero nada de Romero...

    ResponderEliminar
  2. Es que Romero juega con las cartas marcadas. Sabe lo que la gente quiere y se lo da, punto. Por eso en la película suena tanto todo a visto. Y es una pena, porque el planteamiento es interesante.

    ResponderEliminar