domingo, 15 de junio de 2008

El incidente (The happening).


Cuando apenas habían pasado veinticuatro horas tras su estreno y pese a leer unas primeras críticas no demasiado alentadoras (o quizás por ello), me vi El incidente (The happening), de M. Night Shyamalan.




Normalmente, siempre he creído que gran parte de la crítica ha sido muy dura con él. Desde el éxito de El sexto sentido, las posturas a su alrededor parece que se han ido radicalizando cada vez más. Personalmente, creo que el director de origen hindú es autor de algunas obras más que notables, caso de Señales o El bosque.
Sin embargo, su última película ha supuesto una decepción mayúscula. Pero vayamos poco a poco...

El incidente, es la historia de una serie de ataques que se suceden contra la población de la costa noreste de Estados Unidos que provocan el suicidio casi inmediatamente.
También es la historia de un profesor de instituto (Mark Wahlberg), su mujer (Zooey Deschanel) y la hija de su mejor amigo (John Leguizamo) que intentan huir de la zona afectada.

El planteamiento de la película es interesante. De hecho, las dos secuencias que abren la película me parecen magníficas. Formalmente, lo que cuenta es interesante y puede llegar a ser aterrador. Pero el problema está en lo que había sido hasta ahora uno de los fuertes de Shyamalan, los personajes y las relaciones entre ellos. Estas están tan esbozadas que apenas existen.
Normalmente en sus películas suele existir una situación anómala externa, que tiene su paralelismo o que se desarrolla al tiempo que los personajes sufren algun tipo de crisis personal. Es el caso del matrimonio (supuestamente) roto de El sexto sentido o la falta de fe del sacerdote protagonista de Señales. El hecho de que esto no pase merma la implicación del espectador con los personajes. Es más, diría que el motivo de la tensión entre la pareja protagonista es casi sonrojante.



Shyamalan ha querido hacer un homenaje al cine de serie B, y lo que es verdad es que películas como La guerra de los mundos, La noche de los muertos vivientes y La invasión de los ladrones de cuerpo se hacen presentes en distintos aspectos de la película, como la sensación de inseguridad, paranoia o continua huida.
Al tiempo que es una película que encierra, a su vez, dentro otras muchas películas. Tendríamos la historia de los protagonistas que huyen de la amenaza, que como los zombis de Romero les rodean. Estaría la historia del terror a lo desconocido de aquellos que se encierran en sus casas y se intenta aislar del mundo, y por encima de todo, el miedo a la despersonalización, el gemelo oscuro, el doppelgänger, el yo que no es yo, que arrastra -en esta película- al suicidio.

Esta es una película desigual. Previsible en algunos tramos, cuenta con una brillante Zooey Deschanel y una premisa más que interesante. También tiene algunos momentos muy buenos, como es toda la secuencia de la casa de la señora Jones, quien los acoge en su huida por el campo, pero que al tiempo queda fuera de sintonía con el resto del conjunto, en el que Shyamalan parece buscar más el impacto en el público que narrar una historia. Prueba de ello es el desperdicio del personaje de John Leguizamo o el uso de una grabación en vídeo, un recurso que ya había usado en Señales como forma de añadir tensión, aquí -parece- solo buscar impactar.
Hay una diferencia brutal entre lo que promete la historia, el modo de contarla y el proceso interno de la misma, que parece totalmente defectuoso. Así, de todas las películas de Shyamalan esta es la que parece menos arriesgada, mas cómoda y casi más pensada en un público mayoritario. De igual modo que el tercer acto (si es que existe) parece montado de forma apresurada, abriéndolo con una frase en off que sirve para introducir un final feliz para los protagonistas y un añadido que, a la vez, continúe pertubando (la coda francesa).

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