viernes, 6 de junio de 2008

El territorio de la bestia (Rogue).


Hace no demasiado tiempo pasó por nuestras pantallas Wolf Creek. En su momento, la sensación que me dio es su guión adolecía de personajes planos, pero que su forma de estar filmada era bastante interesante.
Ahora ha llegado a nuestras pantallas El territorio de la Bestia (Rogue), el siguiente trabajo de Gregg McLean. En este caso, lo que narra es la historia de unos turistas atacados por un cocodrilo gigante.





La historia y los personajes no son gran cosa. De hecho, hasta cierto punto son tópicas, como la contraposición entre el turista americano y los pueblerinos; mientras que los turistas no parecen más que un grupo típico de víctimas (eso si, destacar la presencia -fugaz- de Sam Worthington, protagonista de Avatar de James Cameron) bastante planos de los que poco, o nada, sabemos. Más o menos, lo mismo que sucedía con Wolf Creek. Pero en esta como aquella hay algo que si funciona y es el modo de narrar, diría incluso que mejor.

Lo primero es que McLean se toma tiempo en contar la historia, utiliza la naturaleza como un personaje más de la historia, filmándola con calma y deteniéndose en pequeños detalles (como los paisajes, o la subida de la marea).
Luego tenemos la manera de presentar al cocodrilo. Casi hasta el final no lo veremos, en lo que constituye el gran acierto de la película, sino que se nos presenta como una presencia que sabemos que está, pero no terminamos de ver (la forma de cazar a la primera víctima me parece admirable), de hecho parecerá una presencia casi abstracta lo largo de metraje. Digamos que el director trató más de construir una película de "suspense", a partir de mantener la tensión, que de miedo propiamente dicho -donde la música, o su ausencia, juega un papel fundamental-. Así, por contra, en cuanto lo vemos -al final- es cuando la película baja y se vuelve más convencional y menos interesante, pasando a ser otra más con animal asesino.

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