domingo, 10 de agosto de 2008

El cine tras el 11-S y el cambio del mundo.

Todos los siglos suelen contar con un acontecimiento que marca, verdaderamente, el paso de centuria, más allá de lo que indique el cambio de dígito.

Oficialmente el siglo XX comenzó en 1901, pero el paso de un siglo a otro, el cambio de mentalidad vino con un acontecimiento traumático. Algunos creen que con el hundimiento del Titanic, la mayoría (donde me incluyo) opinan que la I Guerra Mundial (1914-1918) significó el paso del mundo nacido de la Revolución Industrial al triunfo de la máquina, en que unidades de caballería se enfrentaron a gigantescos ingenios mecánicos.

El siglo XXI también tuvo su acontecimiento traumático.

11 de septiembre de 2001.

Hasta principios de los noventa el mundo había poseído un orden. Existían dos bloques, el capitalista -con los EE.UU al frente- y el comunista con la URSS como gran potencia. El enfrentamiento entre ambos, la Guerra Fría, había determinado la situación del mundo durante medio siglo.
Con la caída del Muro de Berlín (1989) el bloque comunista se desintegró, lo que llevó a una nueva situación que parecía que llevaría al fin de la historia.

Ahora no es posible identificar al "enemigo", vivimos en la paranoia de creer que este puede estar a nuestro alrededor, o vivir junto a nosotros. A todo ello, hay que unir que vivimos en la era de las comunicaciones, en la que hay más posibilidades de acceso a la información, pero en la que tenemos menos posibilidades de acceder a una información fiable y completa.

Y esto ¿cómo afecta al cine?
El 11-S y su mundo, como sucedió con la Gran Guerra o los campos nazis de exterminio encontró sus ramificaciones (o exorcismo) en el arte, y el cine como arte (o gran arte) de fines del siglo XX inicios del XXI no ha sido menos.

2002, Joel Schumacher dirige Ultima llamada (Phone Booth). En ella, un publicista (Stu/Colin Farrell) es amenazado por un desconocido, que para él no es más que una voz al otro lado del teléfono demostrando que tiene el poder de matarlo cuando quiera.
Estrenada poco después de los ataques contra el World Trade Center y rodada un poco antes, la película antecedía ya algunas constantes en el cine de los últimos años.


La abstracción del mal.
Durante la Guerra Fría proliferaron películas donde era fácil identificar a los "buenos" y a los "malos". El representante más identificable sea, quizás, Rambo reconocido por el expresidente Reagan como arquetipo del héroe estadounidense.
Pero qué sucede cuando el enemigo no tiene un rostro identificable, cuando no es soviético. Tras la desaparición del bloque comunista no es fácil identificar el Mal. En ese caso, el cine, como reflejo de la realidad se ha hecho eco de lo mismo, de tal manera que pasamos a vivir un momento donde se plantea la abstracción de dicho mal.
Hemos comenzado hablando de Última llamada, pero muchas otras cintas reflejan esta misma idea, es el caso de Saw. Otra variante que muestra también esa sensación seria Hostel, que frente a la abstracción plantea como el peligro esta a nuestro alrededor, bajo cualquier apariencia.

La realidad fragmentada.
Vivimos en la era de las comunicaciones, pero eso, lejos de enriquecer nuestra visión del mundo ha contribuido a su fragmentación y a la imposibilidad de contar con una visión global de la realidad. A esto hay que unir la democratización de los medios. La existencia y facilidad de acceso a los medios (blogs, cámaras digitales...) en lugar de beneficiar, muchas veces ha contribuido a la desinformación, todo lo cual significa que conocemos parcelas de realidad determinadas y adolecemos de una noción amplia de la realidad.

Nos vamos hasta el año 1999, El proyecto de la bruja de Blair (The Blair witch project) impactaba por una importante campaña de publicidad y por el uso de la cámara en mano que pretendía darle veracidad a la historia (como ya había hecho antes Ruggero Deodato en Holocausto caníbal).

El recurso impacto, pero no se generalizó hasta que unos cuantos años después se recuperó, pero con una diferencia fundamental. Si en El proyecto de la bruja de Blair, se utilizaba para proporcionar veracidad, hoy películas El diario de los muertos (Diary of the dead), lo utilizan -combinada con otros medios de comunicación- como una manera de mostrar la realidad, subjetiva, parcial, muchas veces morbosa e incompleta.

El apocalipsis a pie de calle.
El fin del mundo siempre ha sido un tema recurrente. El Coloso (1808-1812), muestra el terror. En el cuadro, del que ahora se discute que sea obra de Francisco de Goya, representa a un gigante en el horizonte. Ante su visión un grupo de personas huye despavorido.
Años después un nuevo gigante atemorizaba. Godzilla representaba los terrores postatómicos de un Japón derrotado y que había sufrido los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
Godzilla no hacía más que representar el miedo a una amenaza que, inexorable, se cernía sobre el ser humano.

2008, JJ Abrams produce y escribe Monstruoso (Cloverfield), que sin ser una nueva versión de Godzilla no hace más que mostrar, de forma paralela, los terrores de la sociedad contemporánea.
Entre el Godzilla original o el remake de Roland Emmerich y Monstruoso hay una serie de diferencias fundamentales. De una parte se centra en un estrato determinado de la sociedad, una clase media, media-alta, acomodada, temerosa de ser atacada nuevamente, pero más aún que ignora quien puede hacerlo.

Un aspecto interesante es como se tiende ha rebajar la perspectiva a la hora de encarar las historias. No vemos ahora la totalidad de lo que sucede, no vemos todo el monstruo. En su lugar, conocemos las historias de los individuos desde su punto de vista.
En Señales (Signs, -1996-) M. Nightshyamalan proponía una invasión extraterrestre desde la perspectiva de una familia aislada en medio de una granja. Salvo por la información que les llegaba por la televisión no sabían que sucedía.

Doce años después El incidente (The happening), del mismo director, va un poco más allá. Propone una situación apocalíptica de nuevo, pero en este caso prescinde de querer explicar demasiado lo que ocurre. Lo verdaderamente importante es saber como afecta a los individuos y plantear la situación del hombre, como individuo y desde su punto de vista. Pero ya no vemos al monstruo y tampoco sabemos porqué ataca, lo único que tenemos es la certeza de estar siendo atacados.

4 comentarios:

  1. muy bueno, me encantó la forma en la que explicas la evolución del cine a lo largo de estos últimos años. La verdad es que me gustó La bruja de Blair y Monstruoso, y estoy deseoso de ver El diario de los muertos en los cines, porque... ¿aún no se ha estrenado, verdad?

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  2. A esa lista habrá que añadir The Dark Knight que no sólo en varios sucesos de su trama se centra en el terrorismo como táctica (no quiero dar mucho spoiler que se estrena el miercoles XD), sino que también toca las consecuencias de enfrentarse a una amenaza desconocida, como pueden ser el aumento del control de la comunicación, y la propia pérdida de humanidad que aparentemente es necesaria para tratar a los terroristas y a los asesinos con sus propios medios.
    Ojo que la película no es justificatoria, pues esta bajada a los infiernos de alguno de sus personajes no la ve como un sacrificio necesario sino como una tragedia absoluta.

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  3. buen analisis, y certero.
    el cine como espejo de la realidad.
    por eso siempre ha sido un arma poderosa

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  4. Muchas gracias por sus comentarios...
    Relampague, el estreno del Diario de los muertos se ha ido retrasando, primero se suponía que en febrero, luego en julio. En Sitges se verá, pero no se si al final se estrenará un poco de tapadillo.

    Pedro, no la había incluido porque aun no la he podido ver, pero desde que la vea te comento. Muchas gracias.

    Muchs gracias Jopo. ¿Te sirve un ejemplo? Boina verde, una peli que hizo John Wayne al inicio de la guerra del Vietnam. Decir que era proguerra hasta un extremo casi fascista es quedarse corto.

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