miércoles, 20 de agosto de 2008

Wall·E.


Desde el día de su estreno se ha hablado sobre la posibilidad de que Wall·E sea película nominada al Oscar como mejor película de animación y como mejor película. En un principio, tal aseveración podía parecer exagerada, pero lo cierto es que una vez vista no sería de extrañar, porque creo que se trata de una de las mejores películas de la temporada.

Fabricado por Buy N Large, Wall·E es el último robot que queda en la Tierra de aquellos que fueron dejados en el planeta mientras los humanos abandonaban el planeta a la espera de que las condiciones mejorarán.
Tras setecientos años, el robot no ha dejado de trabajar. Tiene una amiga, una cucaracha, mientras pasa su tiempo libre coleccionando objetos que encuentra en la basura y viendo el musical Hello, Dolly!.
Hasta que un día descubre que no está tan solo como creía.

Una de las mejores cosas que tiene Wall·E es su primera mitad, la que transcurre en la Tierra. Durante algo más de media hora presenciamos un espectáculo casi de cine mudo en el que, pese a ello, simpatizamos totalmente con el protagonista y sufrimos de su soledad.

En cierto modo, la historia de Wall·E es la de un inadaptado, que vive rodeado de basura, cuyos amigos son también otros marginados (el insecto, luego el batallón de robots "locos"), hasta que un día conoce a una chica, integrada/alienada en el sistema.
La película está marcada por varios aspectos; algunos especialmente subversivos. De una parte, frente a lo que esta siendo lo habitual en el cine de animación, no persigue copiar la realidad (como sucedía con Beowulf). Busca la veracidad, la similitud, pero estableciendo un diálogo entre imagen real y sintética. Los humanos del pasado son de carne y hueso, los del futuro, que han vivido lejos de la Tierra, han ido perdido sus rasgos (físicos y emocionales) por lo que su imagen es la de objeto animados (lo que serían, a priori, los robots).
Un matiz importante es que se plantea la cercanía entre hombre y máquina, a través de inversión de papeles. Mientras que los humanos viven de manera aséptica, las máquinas son capaces de experimentar sentimientos. En ello es importante el gesto. La mirada de Wall·E cercana a Chaplin, y ciertos gestos (como el de sus manos) que se irán repitiendo y adquiriendo un mayor significado a lo largo del metraje -más allá del evidente prodigio técnico-.

Resulta igualmente llamativa la relectura que hace de 2001. Una odisea del espacio (2001. A space odissey), no sólo por referencias estéticas -el piloto automático de la nave o la música-; la genial obra de Kubrick, contaba como se producía el nacimiento de un nuevo hombre, fruto de a nueva conciencia adquirida por el contacto con extraterrestres (¿o estos se ponía en contacto ante el nacimiento de nuevas conciencias?). Aquí, en cambio, el hombre vive en el espacio y regresa la Tierra para volver a renacer, mediante el contacto con la máquina humanizada.

Como decía, uuna de las cosas interesantes que tiene la cinta dirigida por Andrew Stanton son los distintos niveles de lectura que ofrece, como se muestra mediante la crítica que hace ante nuestra sociedad y sus valores (consumistas), muy al estilo de THX1138 (1970, George Lucas) o Están vivos (They Live, 1988) de John Carpenter, o incluso al cine del mencionado Charles Chaplin.

Puestos a buscar algún fallo..., quizás la segunda parte de a película baja un poco de intensidad. Comienza muy bien (con Wall·E persiguiendo a EVE), pero es en esta en la que el ritmo decae un poco y quizás se pueda echar en falta más participación de los humanos (como la nueva pareja) o de los otros robots.


¿Más?
La web no oficial de Wall·E.
Wall·E en youtube.

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