lunes, 15 de septiembre de 2008

El rey de la montaña.


Como decía hace poco a colación de El tren de las 3.10, no entiendo como continuamente llegan a las pantallas medianías, mientras cintas como poco interesantes pasan desapercibidas o acaban directamente en el mercado del dvd... o si lo entiendo.
El rey de la montaña, de Gonzalo López Lázaro es otro de los casos, aunque puede que no haga más que evidenciar que se prefieren productos que lo den todo hecho y se huya de todo aquello que le exija un esfuerzo al espectador. De hecho, hasta su estreno, lo más destacado que se había oído era que a raíz del Festival Sitges, los hermanos Weinstein lo habían adquirido para un posible remake usamericano.
La película cuenta la historia de Quim (Leonardo Sbaraglia), a quien le ha abandonado su novia. Decidido a recuperarla, emprende un viaje en el que se acaba perdiendo. Desde lo alto de una montaña, divisa una silueta.



Uno de los grandes elementos de la película es el altísimo grado de abstracción presente en lo que es la forma de filmar y lo narro, que a su vez, exige un importante esfuerzo al espectador. Se ha hablado mucho de las influencias de la película, refiriéndose sobre todo a Deliverance (Defensa) de John Boorman, porque como esta se refiere a la oposición entre el hombre civilizado y adocenado (y es el caso de Quim) y una naturaleza totalmente salvaje.También se ha comentado su proximidad a Sam Peckipham, al de (Straw Dogs) Perros de paja. En este caso, por la relación entre los protagonistas, tipos insignificantes, dominados por sus parejas, que terminan explotando de manera violenta.
Pero hay otra que no se ha mencionado tanto y es la de Michael Haneke, particularmente por la manera fría de acercarse a sus personajes, por la frialdad y el alto grado de cinismo que muestra hacia a ellos. Pero también se muestra parecido en el tratamiento de la violencia. Su presencia es el eje y a la vez el climax de la película. Entendida por víctimas y verdugos de manera distinta. Para unos apenas un divertimento, para otros, sufrimiento... de la misma manera de Funny games.
Si en esta, el director austriaco se acercaba a los medios de comunicación, especialmente la TV, de manera crítica por su banalización de la violencia, la presencia de los videojuegos parece perseguir el mismo objetivo.
Como decía Quim es el personaje alrededor del que órbita la historia. Un cobarde, un traidor, que cae mal y termina actuando como acaba una persona arrinconada, y es su mirada, en un plano final, la culminación de la historia.
Lo peor que podría acharcársele a la película es que de una parte, requiere de un cierto grado de participación del espectador y que su ritmo, pausado e inexorable puede ser demasiado lento.

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