domingo, 7 de septiembre de 2008

El tren de las 3.10 (3.10 to Yuma).


Decía Jorge Luis Borges, que el western suponía para la cultura estadounidense lo mismo que la mitología grecorromana para la tradición europea. Así entendemos la importancia de los amplios paisajes, o la sensación trágica que rodea a gran parte del género.

A pesar de su importancia, sin embargo, con el tiempo las historias del oeste han ido desapareciendo de las pantallas. Por suerte, cada cierto tiempo nos llega alguna película que nos reconcilia con el género. El ejemplo más claro, Sin perdón; otro muy buen ejemplo sería esta magnífica El tren de las 3.10 (3.10 to Yuma).



Trata de la historia de un campesino, veterano de guerra Dan Evans (Christian Bale), que acompaña en la custodia de un peligroso ladrón, Ben Wade (Russell Crowe), a cambio de un dinero que le sacará de su pobreza.

La película plantea el contraste entre las concepciones morales de los personajes. Comienza mostrando a los personajes, como hacía el western clásico, buenos y malos; pero a lo largo de la película cada uno se irá mostrando como es. De manera icónica, encontramos a los protagonistas, con una concepción -al menos aparentemente- más clara, pero a lo largo del metraje se irán desgranando sus múltiples matices. En ese sentido, es interesante el personaje de Crowe, porque actúa un poco bisagra moral. Al principio conocemos a Dan (Bale), comido por las deudas y traumatizado por su herida. Esto le ha afectado en la relación que mantiene con sus hijos y su esposa. Por otro, Wade (Crowe), parece poco más que un nihilista feliz, desencantado, lleno de ironía. Pero, en el fondo esto -como sucede con el campesino- no hace más que responder a un mismo desencanto. En la concepción de los personajes y el interés en su psicología me atrevería a darle gran parde del mérito a su director, James Mangold, quien ya había hecho algo por el estilo en Identity.

Antes mencionaba la mitología, en relación con el western y es curioso como uno de los segmentos de la película incida en la idea del viaje.
Los tres movimientos de la película están muy bien planteados. El planteamiento, con la presentación de los personajes (muy buena la contextualización de ambos); "el viaje", la parte central de la narración y el desenlace. En el mundo de los héroes míticos, muchas veces, el viaje más que exterior tenía la significación de viaje interno y en El tren de las 3.10 sucede así. De hecho, esta parte culmina en un "falso" viaje que marca un punto y aparte en los personajes y que conectaría con el viaje en barca de Apocalipsis now.


Un elemento presente a lo largo de la película y que parece perseguir subrayar la dicotomía es la presencia, constante, del número dos. Dos personajes, uno tiene dos hijos, es "comprado" por doscientos dólares. He dicho dos protagonistas, pero que serían las dos caras de una misma moral. Uno, obcecado en hacer lo correcto, no porque lo sea, sino porque lo necesita para sentirse completo. Otro, empeñado en lo contrario, porque es la única forma completa de vivir.

Interesante es la composición del personaje de Ben Wade, trágico como Daniel, pero feliz en su nihilismo. Padre de sus hombres, capitán de su batallón, casi sacerdote de su propio culto, son algunos de sus múltiples matices (¡Habéis olvidado lo que ha hecho por vosotros! les grita Charlie a la banda en un momento dado). La escena de la cena (la conversación sobre los conejos), entre el primer y segundo acto encierra gran parte de la filosofía de los personajes.

Igualmente destacaría a Ben Foster, como Charlie Princess, que hace un muy buen papel, muy bien interpretado y extraordinariamente compuesto en su pasión por Ben. También destacaría el papel de Logan Lerman, como hijo de Dan, con su mirada, que en el fondo es la nuestra, el hilo conductor, que se divide entre las fantasías de bandidos y el descubrimiento del mundo.

Esta es una historia de perdedores, no en vano adapta un relato de Elmore Leonard (no me olvido que también hay una adaptación anterior, de 1957), contada en el fondo de una manera intima.

Antes, al hablar de la dualidad me he acordado a Kubrick, al igual que la cojera del personaje de Christian Bale porque se me ha parecido a aquella castración metafórica que sufría Marlon Brando en El rostro impenetrable. No en vano, en esta hay varias referencias a la relación (o la ausencia de las mismas) entre Dan y su esposa (Gretchen Mol).


pd.Para concluir, si me gustaría comentar otra cosa. Cuando distribuidores y productores pienso en casos como esta película. El tren de las 3.10 ha tardado casi un año en llegar a España tras su estreno en USA, un tiempo en que -hoy en día- el número potencial de espectadores muy seguramente ha disminuido.

En fin, ellos sabrán...

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