domingo, 26 de octubre de 2008

Quemar después de leer (Burn after reading).


Creo que tema de fondo en gran parte del cine de los hermanos (Joel y Ethan) Cohen es la fortuna, la inexorabilidad del destino al que estamos sometidos. Sus dos últimas películas, No es país para viejos y Quemar después de leer (Burn after reading) son dos buenas pruebas de ello. Es la casualidad la que parece poner en juego el mecanismo del destino que, inexorablemente, cae sobre los protagonistas.
Puede ser la inoportuna parada de un policía, una confusión de nombre, dos millones de dólares en medio del desierto, o un cd olvidado con datos de la CIA, cualquier cosa da pie para desatar la fatalidad.
Luego viene la avaricia originada por este hecho. Un punto a favor de los Cohen es tratar de mostrar a sus protagonistas como humanos. Seres tristes, patéticos, susceptibles de ser tentados, perdedores, que en el fondo creen que el destino, en lugar de una trampa, les ha servido una escapatoria, a la pobreza, al paso del tiempo.
Sin embargo, (normalmente) no hay escapatoria para ellos. Al final, su destino, se encargará de ellos. A través de una figura inexorable, de una (nueva) casualidad o el propio tiempo.
Esto mismo es lo que encontramos en Quemar después de leer, una suerte de lectura en clave de farsa de la historia de No es país para viejos.

Dentro de la tónica habitual de los Cohen de alternar drama y comedia (las últimas con resultado desigual), ahora es esta a la que le toca el turno.
Un agente de la CIA, Osbourne Cox (John Malkovich), es despedido por su alcoholismo. Su esposa (Tilda Swinton) le es infiel con otro agente del gobierno (George Clooney) y, para rematar, pierde un cd en el que se recogen datos para sus memorias, que encuentran dos trabajadores de un gimnasio (Brad Pitt y Frances McDormand). Uno, inmaduro, enganchado al ipod y al deporte; la otra obsesionada con poder tener dinero para pagarse una cirugía estética.

Después de los últimos antecedentes de los Cohen con la comedia, y a pesar de No es país para viejos (o quizás por ello), desconfiaba de esta película.
Si destacaría a Frances McDormand. En un primer momento, su personaje no parece más que una obsesa de la cirugía plástica. Pero, a partir de ahí, entendemos que es un ser triste que busca una escapatoria a un tiempo que la va devorando -toda la secuencia de la cita, la primera que vemos, brillante-. También me interesaron las interpretaciones masculinas Richard Jenkins, George Clooney y Brad Pitt. Todos están muy bien, caricaturescos, esperpénticos por momentos, construyendo sus personajes de forma tan grotesca que son perfectamente reconocibles. Más aún, los más "inocentes" Pitt y Jenkins son los que , como Josh Brolin (en No es país para viejos), más duramente sufrirán el destino.
Por contra, pese gustarme, creo que Tilda Swinton queda bastante desaprovechada. Borda su papel y destaca su dureza frente a la inmadurez de sus parejas masculinas, pero quizás podría haber dado más de si, al tratarse de un ser que encara fríamente la vida (a diferencia del resto). De igual modo, me encanta como se retrata la manera en la que se relaciona con sus "parejas".

Los Cohen construyen una farsa, que tras ese barniz parodia al cine de espías y muchos de sus tópicos, pero también crítica muy duramente lo patético de la naturaleza humana.
Pero le falta algo. Funciona muy bien como sátira. Cuenta con un epílogo final que encierra gran parte del significado de la película. Pero si la queremos ver como una comedia, flaquea, porque intenta resultar graciosa partiendo de situaciones, en muchas ocasiones, forzadas, que quieren ser, demasiado previsiblemente, graciosas.

3 comentarios:

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  2. Yo también veo desaprovechada a Swinton. Buen repaso, compañero. Saludos.

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  3. Muchas gracias por los comentarios.
    El Marto, me pongo en contacto contigo via email.

    "Sr. Sesion" (je,je). Muchas gracias. Es una lástima, porque ella está -a mi parecer- muy, pero muy bien.

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