martes, 18 de noviembre de 2008

Quantum of Solace.


En algún momento de principios del siglo XXI algo se le pasó por la mente a los productores de la larga saga de James Bond. Con Pierce Brosnan se había conseguido levantar el vuelo, tras el descalabro de Licencia para matar (34 millones de recaudación en USA). Las recaudaciones habían mejorado, sin lograr cifras apabullantes, si que habían mejorado.
Pero llegó el año 2002 y coincidió el estreno de Muere otro día (Die another day) con una película que con menos de la mitad de presupuesto lograba una taquilla casi similar. Una historia de espías, pero desde una perspectiva más humana, cercana al público moderno que el tradicional "toque Bond". Estamos hablando de El mito de Bourne. Probablemente esta significó un punto de reflexión sobre hacia donde había ido evolucionando el personaje de 007 y como había ido perdido gancho con el público, que había ido perdiendo interés en un personaje con el que era difícil identificarse.

Así llegó Casino Royale (2006), dirigida por Martin Campbell y con guión del oscarizado Paul Haggis (Crash), que se convirtió en la película más taquillera de la serie. Además de ser una gran película, en la que se construía "la identidad Bond". Se nos mostraba el origen del personaje y muchos de los elementos tradicionales (el Aston Martin, la disfunción sexual del villano, etc), pero desde una óptima realista. De hecho, Bond (Daniel Craig) es cualquier cosa menos refinado o encantador.

Ahora llega la continuación -en el sentido temporal -de Casino Royale: Quantum of Solace. Esta continúa en el mismo punto que finalizó la anterior, con Bond clamando venganza. En su búsqueda, se encontrará con un villano (Mathieu Amalric), que trabaja para una potente organización y una mujer (Camille/Olga Kurylenko) que, como el espía, busca venganza.

Me parece que en esta nueva entrega se pierden, un poco, los logros de la anterior. Se nota la diferencia entre la interpretación de las protagonistas femeninas (Eva Green/Kurylenko).
También porque gran parte de la trama se pierde en los viajes por diferentes partes del mundo, lo que termina por quitarle frescura a la historia, la que proporcionaba esos detalles de Bond que habían destacado de Casino Royale.

Aún así tiene sus momentos; la persecución al inicio; el momento de la ópera Tosca, un clímax que parece sacado de El Padrino de Francis Ford Coppola, así como toda la parte que sucede en Bolivia, especialmente hacia el final.
Lo que sucede igualmente es que también presenta una relectura de los elementos que comentaba antes, en clave realista. Recompone la figura del "supervillano" -brillante Amalric-, como miembro de una anónima corporación comercial. Cambia la mencionada disfunción sexual, por todo lo contrario y se mantienen los matices de la personalidad de Bond, continuándolos y reforzándolos.
Pero quizás lo que se le puede achacar es que por el camino del James Bond tradicional, se hayan quedado atrás los méritos apuntados en la parte anterior para darle más peso a la acción y menos al transfondo, lo que hace que sin ser mala resulte menos fresca. No hay gadgets, ni Bond es un misántropo. El personaje parece bastante más poliédrico de lo que había sido la norma, a lo que hay que unir un historia muy "años sesenta" con supervillanos que quieren dominar el mundo, etc. Pero lo que creo que flaquea es la historia, donde prima menos el detalle y más la acción.


Fuentes.
Sobre las taquillas, aquí.

En lo referente a las películas de James Bond.

2 comentarios:

  1. Tu post es muy atinado. Estoy completamente de acuerdo con toda la reflexión, y me apena que se pierda el espíritu en la última. Aún no la he visto, ya tecontaré...

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  2. Muchas gracias compañero. No se pierde del todo, lo que pasa que sucede lo que comentaba, la historia de Casino Royale era más "pequeña", o mejor dicho, era la historia de un personaje y su evolución y aquí parece un poco en tierra de nadie, entre seguir contando la transformación de Bond y sus aventuras.

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