jueves, 19 de marzo de 2009

Un esbozo de reportaje. Esperando a Godot y el cine contemporáneo.

Esperando a Godot es una de las obras cumbres del teatro del absurdo. Escrita por el dramaturgo Samuel Beckett, viene a representar el tedio y el vacío de la existencia humana, a partir de un grupo de personajes que, simplemente... esperan.

(Fragmento del I acto).

Vladimir y Estragon aguardan por Godot. No sabemos nada de ellos, vestidos con andrajos, esperan en una tierra yerma y arrasada a un personaje del que no sabemos nada. Tampoco conocemos porqué o para qué han quedado.
Mientras esperan, se presenta un personaje Pozzo, que dice ser el dueño de las tierras donde están. Atado al extremo de una cuerda, Lucky, su criado que no habla, piensa o anda, si su amo no se lo ordena.
Un niño aparece. Les avisa que Godot no irá ese día, pero quizás si al siguiente.

En el segundo acto, todo se repite. Vuelven a aparecer Pozzo y Lucky. Ciego, ahora uno y mudo el otro. Y de nuevo, aparece el niño.
Al final, Vladimir y Estragon deciden irse. Sin embargo, se sientan y se permanece inmóviles allí.

Las interpretaciones de esta obra son numerosas. Para unos, Godot no es ni más ni menos que Dios. Esperado, pero nunca aparecido. También se ve como una metáfora de la vida moderna, simbolizando su tedio y su falta de sentido, todo ello aderezado por la presencia de contrapuntos cómicos.

Lo que es interesante es que de manera más o menos directa, la obra del autor irlandés parece extender su sombra hasta el cine de hoy en día. No digo que sea un acto voluntario, pero lo que parece minimamente evidente es que a lo largo del cine de los últimos cincuenta años su sombra ha ido revoloteando las pantallas.

¿No? Piénselo. Recuerdan Reservoir dogs ¿verdad? Durante la primera mitad de la película vemos diálogos banales, "la conversación" sobre Madonna (por ejemplo) y luego como los protagonistas, los señores Blanco (Harvey Keitel), Naranja (Tim Roth), Rubio (Michael Madsen) y Rosa (Steve Buscemi) esperan. Tras el fracaso de un robo que no vemos, tienen que esperar en un desvencijado almacén a que Joe aparezca, un personaje cuya sombra se extiende sobre todas las acciones de los demás.

Otro ejemplo, lo encontramos en Bélgica. En Escondidos en Brujas, los personajes de Colin Farrell y Brendan Glesson encuentran su propio infierno particular, aburrido, lleno de turistas... en el que de nuevo esperan a un ser todopoderoso (Ralph Fiennes), que tiene -o cree tener- el destino de ambos en las manos, incluso el poder de castigarles por sus pecados.
En este caso, la referencia se hace más evidente. Conviene comentar que su director y guionista, Martin McDonagh, es un buen ejemplo del teatro de la crueldad, en el que es más importante el efecto que causa lo que se ve, más que en los detalles de la historia.

Por último, nos vamos a Francia. Allí podemos encontrar otro ejemplo reciente, 13 Tzameti. La cinta de Gela Babluani da una visión bastante pesimista de la vida, en la que un joven (George Babluani) trabaja en la casa del señor Godon, que también espera. En su caso, por una carta. Esta acaba en manos del joven obrero y da pie a que inicie un viaje hacia ninguna parte, o bajo unas circunstancias que desconoce y que terminarán por dar a entender una visión del valor de la vida como algo muy relativo.

Quizás todo esto sean coincidencias. A lo mejor no, puede que sea una influencia que llegue filtrado a través de diversas maneras. Pero lo que si es cierto, es que el hombre, todos nosotros en el fondo, esperamos.

5 comentarios:

  1. Interesante reflexión, aunque parece que hay mucha coincidencia casual, o puede que la forma de entender el arte de Beckett tenga muchos puntos en común con el cine moderno, quien sabe.
    Beckett es mi escritor favorito, me encanta todo lo que hace, aunque prefiero al poeta antes que al dramaturgo.

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  3. De antemano, muchas gracias por las visitas y comentarios.

    Cecil. Es probable que sea en gran parte todo casualidad o una influencia indirecta. Como los fotógrafos que se ven influidos en el uso de la luz del barroco, pero esta -a su vez- les ha llegado mediada a través del cine negro.

    Quesada. Evidentemente lo conozco. Ya me pondré en contacto contigo.

    Saludos.

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  4. No he visto ninguna adaptación cinematográfica de "Esperando a Godot", pero sin duda me la apunto.
    Aunque sí leí el libro hace añios y coincido contigo en la influencia de las discusiones banales que se desencadenan en muchos de los films actuales. No había caído en lo de "Reservoir dogs", "Escondidos en Brujas" y "13 Tzameti", es genial. La espera de Godot, que es una espera sin sentido y absurda cristaliza unos diálogos que se perpetúan, como muy bien reseñas. Esa forma de "hacer tiempo" explicando o filosofando sobre cosas banales está claramente en muchas de nuestras películas favoritas, donde el diálogo impera por encima de la acción.
    Muy buena reflexión, tomas.

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  5. Muchas gracias Dante. Yo, veo esa próximidad, pero claro, no tiene que ser una vinculación directa. En el caso de 13, en el inicio, esos dos personajes totalmente destruidos... En la de Tarantino, porque tienes otra vez, personajes que casi no sabes de donde salen y que en el fondo esperan y cuando se cansan de esperar, en el fondo, no les queda nada. Y en el caso de Escondidos en Brujas si que me atrevería a establecer una relación más directa.
    Saludos

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