domingo, 29 de marzo de 2009

The Visitor.

Es curioso como son los premios. Basta una nominación para que actores que cuentan a sus espaldas con una carrera larga, más como obreros que como estrellas del celuloide, pasen a tener un nombre para el gran público. Richard Jenkins es uno de ellos. Es una de esas caras que hemos ido viendo a lo largo de los últimos años (The Brocken, Quemar después de leer...) y que ahora, al ser nominado como mejor actor en la última edición de los Oscars con The visitor es una cara reconocida.


The visitor cuenta como un viudo, profesor de la Universidad de Connecticut es enviado a Nueva York para leer una ponencia sobre globalización y economía. Allí tiene un piso que casi nunca utiliza en el que encuentra a una pareja de inmigrantes ilegales, un sirio y una sudanesa, (Tarek/Haaz Sleiman y Zainab/Danai Gurira) viviendo.
La película cuenta con historias que se desarrollan de manera solapada. De una parte, el viejo profesor (Jenkins) que ya no siente nada por su trabajo y que no parece repuesto de la perdida de su esposa, busca en la música, una fuente para canalizar su dolor. Tanto la primera escena como la última, sobre todo esta (brillante), son elocuentes en ese sentido. También vemos cómo a través de esa pareja de inmigrantes que viven en su casa, va encontrando un modo de reconducir su vida. Con ellos y a través de la música. Es curioso, al principio vemos que el protagonista es incapaz de tocar el piano, luego con Tarek, aprenderá a tocar el tambor y al final entendemos el triste significado, más allá de la ruptura de diferencias, que la música posee para él.

También es la historia de como la sociedad norteamericana ha cambiado, de un lado por la aportación social que significa la presencia de inmigrantes. Por otro, como la paranoia que se ha adueñado de gran parte de la sociedad, transformando tras el 11s en terroristas a cualquier inmigrantes. Ello a través de una burocracia fría, distante con la realidad de cada individuo.
Todo ello lo hace desde la mayor de las sensiblidades, alternando la voluntad de denuncia de un problema real, con la historia de un hombre triste, gris y deshecho. Fruto de esta sensibilidad, por ejemplo, es la visión de Nueva York. Por momentos gris, pero también hermosa y real, alejada de los tópicos.
Con un ritmo pausado y pese a un bajón a la mitad de la películam cuenta con una muy buena segunda mitad de la historia, justo desde el momento en el que aparece la madre de Tarek (Hiam Abbass). Es cuando, en un giro, el relato pasa a contar una historia de amor maduro, más allá de las diferencias culturales y sociales.
Uno de los puntos fuertes de la película está en el reparto, el ya mencionado Jenkins, en un personaje gris y apático, la hermosura y la dignidad que transmite Hiam Abbass y Haaz Sleiman, que compone un brillante personaje, atractivo, seductor e ingenuo al tiempo.
Lo más hermoso de la película escrita y dirigida por Tom McCarthy esla manera en la que se cuenta la historia, real y sensible. Con personajes-personas, muy bien construidos aunque algunos aparezcan solo en una secuencia, su presencia no pasa desapercibida. Y que cuenta con otro logro, que es el de querer ser una película-denuncia, pero que logra trascender de lo meremente panfletario.

2 comentarios:

  1. Otra película que todavía no he podido ver, me la apunto y ahora mismo voy a buscarla para verla cuanto antes mejor. Pinta muy bien por lo que explicas.

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  2. Te la recomiendo, es una peli diferente, pero que seguro te engancha. Además a mi me dejó bastante emocionado el final. Una belleza.

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