lunes, 21 de septiembre de 2009

Distrito 9 (District 9).

Un valor que, diría, en muchas ocasiones parece haber olvidado el cine, al menos ese que todos consumimos compulsivamente (y en masa) es de la metáfora. Me refiero a esa capacidad de hablarnos de nuestro mundo sin hacerlo, o al menos no directamente. Hacer que veamos nuestra realidad desde otra perspectiva y que ello nos empuje a reflexionar sobre la misma. Esto es muy poco habitual en el género de la ciencia ficción, donde las historias están muchas veces, poco o nada, conectadas con la realidad y más cercanas al entretenimiento más puro.

Más de una vez he tenido una discusión amistosa. He planteado que habría sido del género de no haberse rodado la saga Star Wars. Durante mucho tiempo la ciencia ficción vivía en la esfera de la serie B, pero a partir de los años sesenta, y coincidiendo con una serie de movimientos contraculturales, este comenzó a hacerse eco de las inquietudes del momento.
Pensemos en algunos títulos: La fuga de Logan, Naves silenciosas, El planeta de los simios, Hasta que el destino nos alcance, 2001. Una odisea del espacio... filmados en un margen de apenas diez años y todos, en el fondo, traducían preocupaciones como el racismo, la amenaza nuclear, el maltrato al medioambiente...

Pero con el estreno y éxito de la saga de George Lucas se produjo un nuevo giro, de manera que fueron las sagas galácticas la que comenzaron a captar la atención mayoritaría del público (aunque no hay que olvidar películas como Blade Runner, Código 46, 12 monos...). En estas el tema no iba más allá de la pantalla y eso (en mi opinión) hizo que el género se debilitara.
Ahora, Neill Blomkamp un director debutante ha revolucionado las salas. Nacido en Sudáfrica, con el apoyo en la producción de Peter Jackson -tras no poder filmar la adaptación del videojuego Halo- ha dirigido Distrito 9. Una mezcla entre ciencia ficción y denuncia social. En ella se nos plantea como hace veinte años llega a la Tierra, sobre Johanesburgo una nave espacial. Dentro más de un millón de alienigenas se hacinan, sin posibilidad de que esta se volver a su hogar. La solución, ubicarlos en un barrio, un getto, el Distrito 9. Tras dos décadas la situación es insostenible. Su presencia en la capital sudafricana no hace más que producir constantes disturbios y revueltas. De manera que se toma la solución de reubicarlos, más lejos de la ciudad.

Contaba el director que cuando escribió la primera versión de la película, tenía en mente la política segregacionista del apartheid que conoció en su niñez. En una relectura posterior, estuvo influenciado por un hecho -en cierto modo- más perverso. Ahora el racismo se daba entre miembros de la misma raza. Negros sudafricanos que atacaban a inmigrantes venidos de otros países africanos. En ambos casos, nos encontramos con temas de fondo similares: violencia, intolerancia, racismo... temas que ya estaban presentes en el corto de 2005, Alive in Joburg del mismo director.



Disturbios en Sudáfrica en 2008, en protesta contra la inmigración desde países vecinos.

Sin querer presentarse como real, Distrito 9 emplea durante gran parte de su metraje el lenguaje del un documental. En él se cuenta la historia de la presencia extraterrestres en el planeta, a partir de la de Wikus Van De Merwe, mezclando imágenes de informativos (peligrosamente cercanas a la realidad), testimonios... pasando de lo general, a lo concreto. Wikus es un gris burócrata, muy bien interpretado por Sharlto Copley en uno de los grandes descubrimientos de la película. También me gustó mucho el aspecto de los alienígenas. Su diseño no creo que sorprenda, pero cuenta con con algo tan simple como ojos que ayudan, y mucho, a dotarles de humanidad... la misma que durante gran parte de la cinta parecen no tener los humanos -atención a la escena en la que los protagonistas van al cuartel del MNU-.

En contra de la película... por decir algo, un momento, justo en el segundo acto en el que parece que la película parece que va a ser como un episodio de Más allá del límite con alguna moraleja facilona sobre la naturaleza humana... aunque por suerte no es así; y que quizás, hacia la parte final se abusa un poco de la acción. Pero si algo se puede decir de Distrito 9 es que se trata de una película inteligente. Donde todos los elementos están muy compensados, desde lo más dramático, pasando por momentos muy sangrientos, en los que ni siquiera la acción esconde la idea que se encierra detrás de ella, plantearse una serie de cuestiones sobre donde están los límites de lo que llamamos naturaleza "humana" (por ejemplo, ¿qué interesa al protagonista humano y al alienígena?) y, que al tiempo, conectan con una realidad sangrante.

4 comentarios:

  1. Hola:
    Lo que me ha llamado de la película es que los alienígenas con el paso del tiempo, es decir esos veinte años de convivencia, terminan adoptando hábitos humanos, algo que junto a la caracterización los hace más cercanos.

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  2. Muchas gracias por la visita y el comentario. Es que creo que una de las bazas de la película es el juego entre lo que es y no es humano, y como las posturas no son tan diferentes.

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  3. Muy buena película, aunque yo encontré que la segunda parte del film hace decaer bastante el ritmo de la primera. Además que se deja de usar sin explicación la técnica de la cámara en mano para usar el típico metraje convencional, todo eso sin explicación.
    Aún así es tremenda la película por los temas que aborda. Muy buneo el cortometraje de inicio del film, "Alive in Jogbug".

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  4. Saludos Dante.
    Lo cierto es que si. Justo a la mitad pasa lo que dices. Te diría que, más o menos cuando el va al D9. Quizás el final remonte algo, pero pienso que se puede deber a que pasamos de una historia "amplia" a otra más personal y eso, deja algún hueco.

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