domingo, 15 de noviembre de 2009

Cine club: El pianista (2002).

Hace ya un par de días me propuse colgar la crítica de la segunda parte de Rec. Justo cuando iba a comenzar a redactarla se me terminó de descargar la demoledora El Pianista (The Pianist, 2002). No me pude resistir a volver a verla y luego a reseñarla.

Por lo visto, en los noventa Steven Spielberg le ofreció a Roman Polanski que dirigiera La lista de Schindler. El director francés la rechazó. Estaba filmando La muerte y la doncella y también se comenta que el tema le tocaba tanto que no quiso llevarla a cabo.

Roman Polanski nació en París (1933), su madre tenía orígenes judíos y el padre era polaco. En 1943 la familia se trasladó a Polonia, para sus padres este país ofrecía más garantías de seguridad ante la amenaza de la guerra. Paradójicamente, ese mismo año fueron recluidos en el Ghetto de Cracovia. Su padre fue internado durante dos años en el campo de exterminio de Mauthausen-Gusen y la madre en Auschwitz, en donde falleció. El pequeño Roman escapó del ghetto y sobrevivió haciéndose pasar por católico.

Por eso, cuando vemos las imágenes de El Pianista, la brutalidad y el horror que encierra, en cierto modo creo que es un modo de un exorcizar ciertos demonios, reviviendo sus experiencias a través de la historia de Władysław Szpilman.

Soberbiamente interpretado por Adrien Brody, Szpilman era un pianista que tocaba en la radio polaca cuando los nazis ocuparon el país. De origen judío se familia y él se vieron confinados en el ghetto de Varsovia. Con una extensión de tierra que representaba el 2,4% del total de la ciudad, en el se hacinaban unas cuatrocientas mil personas (en torno al 30% de la población total de la capital). Szpilman logró escapar de las deportaciones a los campos de concentración y consiguió sobrevivir hasta la liberación por parte de los soviéticos.

Toda la película está dotada de una atmósfera de irrealidad, muchas veces esta se produce por el choque entre los intentos de mantener una vida normal, racional, mientras todo se enloquece alrededor. ¿Cómo mantener la cordura cuando los cadáveres se amontonan en la calle?


La historia cuenta con dos partes bien diferenciadas. La primera nos muestra la ocupación y el internamiento en el ghetto; la segunda comienza con la pérdida de la familia.

Aquí da inicio una historia que es, en cierto modo, la de Robinson Crusoe. Como en la obra de Daniel Defoe, Szpilman atraviesa un proceso de perdida que culmina con la del Yo. Poco a poco, lo que le rodea (y le identifica) desaparece, su casa, su familia... todo lo que le servía de espejo. Hasta su aspecto, flaco, con barba desarreglada es el de un naúfrago, como lo es su aislamiento, sobreviviendo en casas -auténticas islas-. Pero como Crusoe, Szpilman encuentra un miércoles que le hace recuperar su ser, sólo que en forma de oficial nazi, quien le hace una (la gran) pregunta:

¿Quién es usted?

Más aún, le pide que toque el piano. Esta se presenta como el anclaje de su personalidad con la cordura. En su cautiverio Szpilman no puede tocar, aunque en uno de sus refugios hay un piano. Pero piensa y vive la música y es ese recuerdo el que le ayuda a sobrevivir.

Qué paradójico, cuando comienza a recuperar su identidad y acaso algo de esperanza con la retirada nazi es disparado por soldados rusos que le confunden con un alemán. Estas situaciones absurdas, casi cómicas son constantes en la película, incluso en los peores momentos hay un momento para la comicidad, ¿quizás para reforzar la idea del absurdo que presenciamos? ¿o es el humor la manera de sobrellevar el horror?

A esto uniría el aspecto, cercano al esperpento que da el director. Nos muestra a muchos alemanes como gordos torpes y crueles y a los judíos, convertidos en giñapos desprovistos de vida, que recuerdan al aspecto de los personajes de la novela gráfica Maus.

La visión que Polanski ofrece del género humano es bastante desesperanzada. Pese a que hay casos puntuales, personas no permanecen impasibles, el director no cae en tópicos y nos muestra con igual dureza la postura de los judíos, capaces de lucrarse en el ghetto o de integrarse en la policía judía, agresora de su propia gente; de los nazis, así como de la pasividad polaca.

3 comentarios:

  1. Muy buena película sin duda. De lo mejor de Polanski.

    Saludos,

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  2. si, tan emocionante como commocionante. Me gustó mucho pero no la vería otra vez, muy jodida toda ella.
    Saludos!

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  3. Saludos y perdón por el retaso en responder...

    Ramón, creo que es la mejor. Tiene muy buenas, Lunas de hiel me maravilló, pero esta es tremendísima.

    Lucifer. Estoy contigo. Muchas veces la volver a ver una peli, esta... pierde un poco de impacto. Pero con el Pianista no. Me sigo quedando de piedra con escenas como la del balcón.

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