lunes, 2 de noviembre de 2009

Infectados (Carriers).

Road warrior. El guerrero de la carretera. Eso es lo que aparece pintado en uno de los coches de los protagonistas de Infectados (Carriers) y también era el subtítulo de la segunda parte de la saga Mad Max. Como en la película de George Miller, cinta la dirigida por los hermanos Pastor (Alex y David) se sitúa en un próximo y apocalíptico futuro. En la australiana el caos era provocado por una Guerra nuclear -el gran miedo de la época de la Guerra Fría-, en esta es un virus (ese terror tan nuestro) el que ha arrasado con la población del planeta. En ambas cintas los supervivientes viven de rapiñar las sobras del mundo de antes, aunque eso implique pasar por encima de otros seres humanos, haciendo buena la frase de Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre.
En un mundo donde el orden social preestablecido ha desaparecido, en el que reina la desesperanza y no hay futuro... no queda nada. Ese espíritu la pone en conexión con otra obra que nos sitúa en un mundo reducido a añicos, La carretera de Corman McCarthy. En las dos historias hay una serie de elementos paralelos, un grupo familiar recorriendo una carretera; el destino final, una playa en la que esperan encontrar algo que les permita mirar el futuro con esperanza.

Chirs Pine (Brian) y Lou Taylor Pucci (Danny) interpretan a la pareja de hermanos, acompañados por la novia del primero Piper Peraboo y por la enigmática Kate (Emily Van Camp), de la que poco o nada sabemos. Son supervivientes de una plaga que ha arrasado el mundo y se dirigen hacia el lugar del que guardan hermosos recuerdos de niñez.
En el trayecto descubrirán que la infección no es el peor de los males que les aguardan.

Es interesante una idea. Lejos de lo que, a priori, podría parecer, esta no es una película de zombis, ni infectados. Me parece que, sobre todo, es una historia sobre los humanos y hasta que punto somos capaces de llegar, pasando por encima de nuestra humanidad con tal de sobrevivir un día más.
En este sentido, me ha interesado el personaje de Kate. De ella, prácticamente, no sabemos nada, apenas cuatro datos. Al menos no de antes de la infección. Pero hay un par de detalles a destacar. Su mirada cada vez que ve un teléfono, el gancho con el viejo mundo y, por otro, su inquebrantable voluntad de sobrevivir, más allá de cualquier remordimiento o duda -como muestra de adaptación a la nueva realidad-.

La estructura de la película parece responder de la propia vía que transitan los protagonistas y que hace inevitable, de nuevo, la referencia a La carretera como más que posible referencia.
A lo largo del camino presenciamos diversos episodios (el encuentro de un padre y su hija enferma, el hallazgo de un refugio...) que no hacen más que reforzar la sensación de angustia y la falta de esperanza de la que hablaba al principio.

También hablaría de las similitudes que guarda con Zombieland: la existencia de reglas en un mundo que las ha perdido; el viaje y no la búsqueda de un refugio... con la salvedad que donde una lo hace desde un punto de vista cómico, la otra es un drama. De hecho, me atrevería a decir que durante gran parte del metraje el elemento dramático cuenta con un peso mayor que el de terror; más aún, diría que este se hace presente muy pocas veces y cuando lo hace es casi más como amenaza que como peligro real. Resulta, además, significativo como este proviene en la mayoría de las ocasiones de los sanos y no de los infectados como se podría pensar. En cierto modo es como si quisiera plantear que, en el fondo, todos están infectados-afectados. Unos mueren, los otros viven una vida que no es tal.

Ya destaqué a una de las protagonistas (Van Camp), pero también llamaría la atención sobre el televisivo rostro de Christopher Meloni, quien interpreta al padre de una niña enferma a la que encuentra, quien da pie a una serie de referencias acerca de la naturaleza de la enfermedad como posible carácter de "castigo divino", que a más de uno le recordarán lo que se dice de otras enfermedades (particularmente el SIDA). De nuevo, esto conecta la película con un miedo muy de nuestra época, el contagio y los virus -solo hay que ver lo que se dice de la gripe A-.

En lo que si me pareció más flojita la película es en los hermanos protagonistas, cuyos roles son bastante tópicos. Uno (Pine) es el protector, que se enfrenta a la realidad de forma fría, el otro (Pucci) es un idealista que aún cree que hay esperanza. En líneas generales si me atrevería a decir que esa parte es la que menos me ha gustado, aunque el tono general de la cinta y el final, que deja una sensación de profundísima tristeza hace que Infectados merezca la pena y esperar muy buenas cosas de los hermanos Pastor.

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