sábado, 12 de diciembre de 2009

Moon.

Dos de las películas que más han llamado la atención de buena parte de público y crítica durante esta temporada cinematográfica han sido Distrito 9 y la que hoy reseñamos, Moon. Ambas comparten una serie de interesantes puntos en común, se desenvuelven dentro de un mismo género (la Ciencia Ficción), pero en unos parámetros más cercanos al espíritu que este contaba en los años sesenta-setenta, basado en la narración de historias que conectaban con la realidad y que iban más allá de los efectos especiales. Porque si en estas dos estos son fundamentales, sus historias hablan -fundamentalmente- del género humano, planteando cuales son los rasgos que nos convierto en ello.
No sé si puede hablarse de la renovación del género, pero si que es cierto que estas -junto a Sunshine- se mueven dentro de parámetros similares. En ellas lo importante es la historia y se desarrollan, si no fuera, si al rebufo de la industria hollywoodiense. Distrito 9 estaba producida con dolares, pero con la producción de Peter Jackson; Sunshine, era británica, como lo es Moon, aunque en su reparto destacan los nombres norteamericanos.

En la película de Duncan Jones nos encontramos con un astronauta Sam Bell (Sam Rockwell), que está a punto de terminar su estancia de tres años en la luna, donde ha estado trabajando en una prospección minera. Cuando su regreso a la Tierra es un hecho descubre que hay otros planes para él.

Bastante se ha hablado de la relación entre Moon y 2001. Una odisea del espacio, básicamente por la presencia de una inteligencia artificial Gertry y, el mítico, HAL 9000. Pero para mí, desde mi punto de vista, la conexión es mayor en otro punto. La cinta de Kubrick hablaba, entre otras muchas cosas, sobre la incomunicación. En un mundo cada vez más tecnificado la relación entre los humanos es menor. Más aún estas se encuentran mediatizada por la técnica que pasa a ser más un fin en sí que un medio para facilitar el contacto interpersonal.

De este modo vemos como el único contacto directo que tiene Bell es consigo mismo y con su ordenador -con voz de Kevin Spacey-, mientras que para hacerlo con otros seres humanos necesita de la mediación de la tecnología. Esta reflexión es la que sirve para ir introduciendo la idea de la película:

¿QUÉ ES LO QUE NOS HACE HUMANOS, ÚNICOS Y ESPECIALES?

En esto es fundamental la presencia de Sam Rockwell, alrededor de quien gira toda la trama y que lo hace muy bien, dándole interesantes matices a su interpretación en un papel arriesgado, ya que es prácticamente el único personaje en pantalla durante el metraje.

Otro aspecto interesante es la manera en la que se cuenta la historia. La trama va fluyendo de manera pausada y juega, en un momento dado con la sensación de paranoia, de pequeña locura que experimenta el protagonista de una manera que recuerda a algunos cuentos de James G. Ballard. Luego la trama se estanca un poco hasta la presencia de un punto de trama fundamental, la llegada de un grupo de auxilio a la estación lunar, en lo que parece un guiño a Sólo ante el peligro filtrado a través de Atmósfera Cero. En ese punto la historia remonta hasta el final.

Lo mejor de la cinta es que todo confluye hacia la historia. Esto no es Star Trek, ni Star Wars, pese a que los efectos especiales son deslumbrantes, con una extraña sensación de irrealidad y cuenta con una fotografía espléndida -sobre todo en la superficie de la Luna- y que hay unas referencias muy claras, todo va encaminado a contar una historia muy humana.

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