Estaba preparando una entrada para el blog cuando me llegó un comentario de Möbius, el autor de un maravilloso blog que no dudo en recomendar, en relación a la entrada sobre La hora final. En el decía que la película de Stanley Kramer había sido la inspiración para Morning Dew, escrita en 1962 por el canadiense Bonnie Dobson. Esta a su vez ha conocido diversas versiones, entre ellas la que hoy tenemos aquí, la que realizó Robert Plant y que se incluyó en su disco Dreamland (2002).
Walk me out in the morning dew, my honey Walk me out in the morning dew today I can't walk you out in the morning dew, my honey I can't walk you out in the morning dew at all
Thought I heard a young girl crying, mama Thought I heard a young girl cry today Oh I did not hear no young girl crying, mama, mama, mama I did not hear no young girl cry at all
Thought I heard a young boy crying I thought I heard a young boy cry today Oh I did not hear no young boy crying Oh I didn't hear no young boy cry Now there is no more morning dew Now there is no more morning dew What they've been saying all these years was not true Now there is no more morning dew No, no, no, no more - no, no, no, no more No more morning dew No more morning dew
Ahora que estamos en crisis he querido recuperar una escena de una película, que parece adelantar lo que está por venir... al menos si las cosas siguen como están. Cuando el destino nos alcance (Soylentgreen), nos presenta un mundo roto, en el que escasean todos los productos y donde el calentamiento global azota sin piedad a la población... sí, hablo de una película... al menos por ahora.
La escena que hoy tenemos aquí son sus títulos de crédito. Si a muchos nos sorprendieron los de Watchmen y como recorrían unos cincuenta años de una historia distópica del mundo, en el larmetraje dirigido por RichardFleischer recorremos el siglo XX a lo largo de sus avances tecnológicos, hasta llegar a su fin (y consecuencia), un año 2022 que no parece tan lejano...
Miembro de la Generación de la televisión, StanleyKramer recorrió el camino inverso al de muchos cineastas, trabajo en la producción antes que en la dirección. La suya es una filmografía de obras de un marcado compromiso. Desde diversas óptimas, sus películas iban tocando temas candentes a nivel social. Una de las populares fue Adivina quién viene a cenar esta noche. En ella se mostraba una pareja formada por un hombre negro y una mujer blanca, en unos años (1967) candentes en la lucha por los derechos civiles. También fue suya ¿Vencedores o vencidos? En ella se contaba la historia del juicio de Nuremberg a los dirigentes nazis tras el final de la II Guerra Mundial.
Pero hoy traemos una película que, con el paso del tiempo ha quedado un poco olvidada: La hora final (Onthebeach, 1958). En ella vemos como todo se ha terminado. Las bombas atómicas han explotado y lo que queda de la humanidad va desapareciendo poco a poco. Por un tiempo, las corrientes marinas y los vientos hacen que el último reducto de vida humana esté situado en Australia. Al mismo tiempo, una submarino nuclear estadounidense navega buscando alguna esperanza.
La película es magnífica y muestra que es lo que debe hacer la buena ciencia ficción, plantearnos posibilidades de lo que podría suceder, eso sí, dejándonos al final un regusto tremendamente amargo. En este sentido es brillante. Nos presenta una situación factible de una manera tremendamente realista y en la que prima es el drama que viven los personajes ante el hecho de que no existe esperanza alguna.
La película adapta una novela de NevilShute y, pese al género, se apoya en las interpretaciones del cuarteto protagonista: GregoryPeck, el capitán del submarino estadounidense; AvaGardner, una mujer que espera a que llege el fin; un magnífico FredAstaire en su primer papel dramático, un científco que que asume con tristeza darse cuenta de como que ha desperdiciado su vida y AnthonyPerkins, que encarna a un personaje muy complicado. Un joven marino con un bebé recién nacido que se desespera cuando comprueba que no habrá un mañana para este, aunque su esposa cree que al final Dios los salvará. Pero están solos.
La falta de esperanza, la certeza del fin, y la imposibilidad de aceptarlo es el tema que lentamente se cierne sobre los protagonistas. Todos intentarán seguir con sus vidas cotidianas, pero al final no les quedará más remedio que aceptar lo inevitable. Pero gran parte del mérito de la película es de Kramer que dirige de manera funcional, por momentos casi a modo de documental y que plasma el drama de la historia. Las secuencias finales son insuperables -el suicido del personaje de Astaire y del joven matrimonio, la despedida de los amantes-, así como los planos en los que las calles que durante la película veíamos repletos de vida, ahora están totalmente vacías, pero que se cierra con una advertencia. Una pancarta golpeada por el viento dice Thereisstill time... brother (Aún queda tiempo... hermano), y que aún hoy está de actualidad.
De un tiempo a esta parte, cada una de las nuevas películas de Pedro Almodovar parecen ser un canto de amor por el cine. Como ellas, la reciente Los abrazos rotos, también lo es. De esta manera, durante el metraje vemos como se conforma un catálogo de las filias del director. Un plano del principio de la película habla magníficamente por sí mismo a este respecto. Las manos de Lluis Homar sobre los pechos de Kira Miró, en un plano que parece directamente extraído de la película de Luis Buñuel, Un perro andaluz. Más allá de esta referencia al cine, también existe una importante autorreferencialidad, así son constantes los guiños hacia otros títulos de su filmografía que aparecen en el argumento (Todo sobre mi madre, La mala educación...), referidos más o menos claramente. A todo ello hay que unir la presencia de otras constantes en el cine del director manchego, como la familia, el sentimiento trágico del amor... y por encima de todos, el acto creativo. Entendido este como un medio, más que como un fin. Una manera de encontrar una liberación, un consuelo del dolor.
Los abrazos rotos es la historia de un director de cine ciego (Lluis Homar), y es la historia de una chica (Penélope Cruz) que conoce a un importante empresario (Jose Luis Gómez). Mediante un juego de espejos conocemos la historia de estos personajes y la manera en la que estuvieron relacionados. Todo ello orbita en torno a un genial Lluis Homar. Este compone un grandísimo personaje: Mateo Blanco, un director de cine que al volverse ciego se crea un personaje en el que refugiarse, Harry Caine. Esta idea es la que marca la pauta de la trama. La realidad frente al medio creativo. Lo que se ve reforzado en algunas escenas, como por ejemplo, cuando el personaje de Omar y el hijo de su directora de producción (Blanca Portillo) pasean. Ven un cartel y partir de él componen una historia, en la que -de nuevo- se filtra su propia realidad.
Otro de los aspectos a significar de esta película son los actores. Personalmente, me quedaría con Lluis Homar. Compone un personaje atractivo, seductor y, al tiempo, dolido y sensible. Evidemente destacaré la contención de Blanca Portillo, que disfruta de un grandísimo momento. Penélope Cruz, por su cuenta, está muy bien dirigida por Pero Almodóvar y posee un papel muy adecuado, cuya presencia sería similar a la de Ingrid Bergman de las películas de su esposo Roberto Rossellini -otra de las referencias claras en este film-; mientras que Jose Luis Gómez, que realiza un gran papel como enamorado obsesivo. No mencioné a Buñuel por casualidad. Porque no es menos cierto que Almodóvar ha querido contar la historia de una obsesión, otro de los temas referenciales del maño. Un amor que termina por ser enfermizo y que está, inevitablemente, condenado al fracaso.
Pero hay algo en la película que no termina de arrancar. Por algún motivo me atrevería a considerar esta película por debajo de otras de sus largometrajes recientes. La razón principal, me atrevería a encontrarla en el hecho de que existen varias tramas que atraviesan a la historia principal y estas, a su vez, le restan fuerza... como sucede con parte de la historia que se desarrolla hacia el final, útil hasta cierto punto, aunque verdaderamente no parece necesaria para cerrarla.
Mirando cosas que poner en el blog he ido dándole forma a una nueva sección... aún sin título, en la que hacernos eco de directores que hayan realizado vídeos musicales que merezcan la pena... o a la inversa, aquellos directores que iniciados en el mundo del videoclip han dado el salto a la pantalla grande.
Hoy, tenemos un vídeo de The Killers, de su disco de 2006, Sam´s Town. Dirigido por Tim Burton y protagonizado por Devon Aoki. En Bones vemos los planteamientos habituales del director en un homenaje al cine de terror de los años cuarenta y cincuenta.
Tras tres años sin estrenar ningún nuevo largo, desde 2006 y El jefe de todo esto, Lars Von Trier estrena -el 29 de mayo- nueva película. En Anticristo nos encontramos a una pareja, Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg que se retira a una casa en el bosque a la que llaman Edén para intentar reconducir sus vidas y solucionar los problemas de su matrimonio. Pero allí, es lo que he leído en todas las referencias, "la naturaleza sigue su rumbo". Sin todavía cerrar su trilogía sobre América (Dogville y Manderlay), parece que el director danés hace una incursión en sus temas y poéticas habituales, pero en esta ocasión, el componente fantástico parece tener un peso importante.
Por algún motivo, quizás suerte, Sacha Baron Cohen consigue salir indemne de sus rodajes. Si ya lo logró en Borat, ahora le toca el turno a otro de sus personajes: Brüno, un estilista austriaco que, como el periodista kazajo, visita los Estados Unidos.
Aún sin fechas de estreno confirmadas en España, en los USA se podrá ver el 10 de julio y el 20 de agosto en Argentina, promete no dejar a nadie indiferente.
Ed Harris, como actor me encanta. Pero el Ed Harris director, me provoca sensaciones contrapuestas. Como sucedía en Pollock, creo que elige buenos temas, cuenta con grandes personajes y saca grandes interpretaciones de sus actores, pero luego el balance total de sus películas es un tanto desigual.
En Appaloosa nos cuenta la historia de dos hombres (Ed Harris y Viggo Mortensen) contratados para imponer la ley en el pueblo que le da título a la película, amenazada por un magnate (Jeremy Irons). Entre los dos protagonistas hay una historia de fondo de amistad que se pondrá en juicio cuando una viuda (Renée Zellweger) se interpone entre ellos.
Esta película se trata de un western atípico. Un largometraje en el que la trama, realmente carece de importancia y lo verdaderamente importante es la relación que se establece entre los personajes, muy bien interpretados todos. De un lado, tenemos la historia de amistad entre los dos pistoleros; por otro, el triángulo que se establece entre ellos y la viuda y luego el de ella con los personajes secundarios (Irons, Lance Henriksen). Lo que más destacaría de la película es la relación entre Mortensen y Harris, manifestada a través de conversaciones, miradas, gestos o guiños (como ese corregir las palabras de Harris) repletos de dobles sentidos que se tambalea cuando una mujer se interpone entre ellos y amenaza con cambiar su forma de vida. De otra parte, pese a que no sé que es lo que Renée Zellweger se ha hecho en la cara, si que creo que su personaje es significativo, de manera que muestra un tipo femenino de una manera poco habitual. Una mujer que tiene la necesidad de estar con alguien y de sentirse protegida, y que no duda en cubrir ese vacío.
Se trata de una visión atípica del género, que entronacaría con el sentido de la amistad entre los hombres del western de clásicos como John Ford. Lo que luego sucede es que flaquea en otros aspectos. No hablo ya de la historia, sino de que algunos personajes carecen de trasfondo -como el de Harris-, más aún algunos aparecen muy desaprovechados, caso de la prostituta interpretada por Ariadna Gil.
Una de las películas de las que se ha estado hablando (y bastante) en los mentideros de internet es Dead snow (Død snø). En ella, de nuevo se pone en evidencia la perspicacia de los distribuidores que, en lugar de estar atentos al interés que está levantando, parece que tienen claro que la destinarán al mercado del DVD.
Dead snow cuenta la historia de un grupo de jóvenes daneses que van a pasar las vacaciones de Semana Santa en una cabaña. La mala suerte hace que sean asediados por un grupo de soldados nazis zombis.
En un primer momento, por lo que había podido leer, esperaba algo del estilo de la magnifica Shaun of the Dead, pero viéndola me planteó la proximidad con otras películas. Sobre todo con Posesión infernal, por los protagonistas -un grupo de chicos jóvenes- como por elementos de la historia -una cabaña perdida, el hallazgo de un tesoro maldito...- y el toque gore que presenta. Esto a su vez, la pondría en relación con la película de Peter Jackson, Braindead. Y como en todas las anteriores, lo hace desde el humor. No el humor grueso de gran parte del cine USA, de hecho, los protagonistas siendo bastante unidimensionales llegan -en contra de lo que suele ser habitual- a caer simpáticos.
La película es excesiva, tosca por momentos, pero entretiene. El tratamiento de la violencia es irreal, absurdo y excesivo, mientras que la trama tampoco busca plantear una historia excesivamente rebuscada. De hecho, otro de los méritos que cabe apuntarle es la primera media hora en la que no pasa... nada, y así luego el resto nos pilla con la guardia baja. Eso si, cuenta con momentos más que interesantes, como la secuencia en la que los chicos oyen la historia de los nazis, o la ambientación en unos parajes blancos que realmente, impresionan.
Dead snow no es una maravilla, pero si que es una película que entretiene, que en su sencillez no pretende ser más que un pasatiempo, pero esa falta de pretensiones hace que sea tan disfrutable.
Muchas veces se habla de lo difícil que es poner un buen final a una película, pero que me dicen del inicio. Para mí, uno de los más redondos es este, de Lawrence de Arabia (que vuelve a aparecer en este blog). Pese a que es en versión original y cuenta con una obertura de casi cuatro minutos, en los que solo escuchamos la banda sonora, creo que es perfecto. En apenas dos escenas conocemos al personaje y muchos de los secundarios. Pero más allá de eso, el director (David Lean), juega con ellos y con nosotros. Poco a poco conoceremos la verdad de la historia del Lawrence al que todos honran una vez fallecido.
Las adaptaciones de libros a la pantalla grande son siempre difíciles. En unos casos, el original se presta más que en otros, pero la complejidad de traducir las palabras en imágenes, colmar las expectativas de lectores y hacer una obra accesible a los no lectores es una labor ardua. Fernando Meirelles se ha atrevido a adaptar la novela de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera. En ella se narra como una epidemia de ceguera va consumiendo a la sociedad. Primero los afectados son recluidos en un sanatorio, pero la "enfermedad" se revelará como imparable, salvo para una mujer. La esposa de un oftalmólogo, que será la única persona dotada de vista.
A ciegas (Blindness), está realizada por el autor de Ciudad de Dios y El jardinero fiel, y se podría decir que está bien realizada, pero mal hecha. A través de la metáfora de la ceguera se quieren abarcar muchas cosas, quizás demasiadas, criticar -más o menos veladamente- diversos aspectos de nuestra sociedad, así como mostrar la fragilidad de lo que llamamos civilización. Pero en el fondo, emplea casi dos horas, primero, en decir que el ser humano es malo -como decía Hobbes- y capaz de todo en circunstancias extremas y luego, lo contrario, a convencernos de que en el fondo, cuando todo va mal, aun queda espacio para algún atisbo de esperanza.
Esto ya de por si, es una de las cuestiones discutibles que, a nivel de argumento, presenta el largometraje. Se pretende contar tanto, que es demasiado y según avanza pierde fuerza. Esto es patente en el último tercio de película, que si bien comienza muy bien, decae muchísimo.
La trama está muy bien estructurada, tenemos tres actos que presentan 1)los primeros casos; 2)la reclusión, forzada, de los afectados y 3)la huida del centro. Pese a ello, el resto no está tan bien organizado. Se apunta a cosas que no se ven culminadas, aparecen personajes que realmente... no importan y que frenan la narración, como el ladrón. Esto a su vez, llama más la atención cuando otros que si son más interesantes, como el hombre del parche (Danny Glover) o la mujer de las gafas de sol (Alicia Braga), pero se quedan en muy poco.
Luego, otra cosa que no me ha terminado de convencer es cierto maniqueísmo, en los personajes y en su manera de actuar. Gael García Bernal, me parece que está bien, pero que su personaje queda reducido a un esbozo. Necesario para justificar parte de la trama, pero un tanto caricaturesco. Hace falta un malo y es él, como es necesario mostrar a los soldados que custodían el sanatorio donde los protagonistas son internados, casi como presencias inhumanas. De hecho, esta relativa falta de verismo en la manera de actuar de los personajes me parece que es otra de los aspectos perjudiciales, porque a su vez produce algunas situaciones que parecen construidas para provocar en nosotros una reacción determinada, no para que entendamos mejor lo que vemos.
Aunque no todo es malo. A ciegas cuenta con un buen reparto, con una magnífica Juliane Moore, Mark Ruffalo también me ha gustado mucho y en general todo el reparto, pero me ha dejado una sensación de estar desaprovechados. Por otra parte la ambientación está muy lograda. La acción sucede en una urbe moderna, como en la que podemos vivir cualquiera de nosotros, pero que carece de rasgos identificativos y podemos presenciar su proceso degenerativo, hasta casi ser el escenario de El señor de las moscas. Y por último la fotografía, que si juega un papel muy importante, porque logra transmitir una sensación de irrealidad total, con la abundancia de tonos blanquecinos que busca reproducir los efectos de la extraña ceguera.
El director Alex Proyas parece interesado en hablar de cómo, detrás el mundo en el que vivimos hay otras fuerzas que se esconden detrás. Esto lo ha ido haciendo, en mayor o menor medida en todos sus títulos. El más paradigmático de todos -y en el que mejor se podía ver-, es Dark city. Pero incluso su producto más mayoritario, Yo, robot, también tocaba este tema. ¿Decir que la sensación de control sobre nuestra realidad es una ilusión no tendría su paralelismo en la historia de un robot que se siente humano? Esto mismo es lo que vemos en Señales del futuro (Knowing).
La película cuenta como en un colegio se abre una capsula del tiempo que lleva cincuenta años cerrada. Los niños donde se encuentra reciben parte del contenido de su interior. El hijo de un profesor de Instituto de Tecnología de Massachussets recibe un papel con números. Su padre, amargado por la muerte de su esposa, descubre que en ese pedazo de papel se han predicho las catástrofes sucedidas en las últimas cinco décadas.
El planteamiento de la cinta es, cuando menos, curioso por la reflexión determinista que se encierra en ella. Es decir, según la lógica del largometraje, todo sucede por algo. Cada uno de nuestras acciones no suceden porque sí, sino porque hay un fin superior. Todo sucede por algo. De todas maneras, este enfoque no es nuevo. Es muy similar -hecho algo peor- al que podíamos ver en Señales, otra cinta en la que la conclusión final es la misma. Ningún acontecimiento de los que vivimos es fruto de la casualidad. Esta idea es la que consigue que la historia tenga lógica.
Sin embargo, también peca de caer en tópicos, como la relación entre el personaje de Nicholas Cage -extremadamente comedido... por una vez- y su hijo; o el trauma que el protagonista arrastra consigo.
Me preguntaba mientras la veía que habría hecho otro director con este material, alguien tan especialista en la paranoia como Alfred Hitchcock, o Richard Kelly -autor de esa paradoja hecha celuloide llamada Donnie Darko-, porque lo que sucede con el cine de Proyas es que es tremendamente ambiental, y aquí se nota mucho, porque pierde la oportunidad de aprovechar algunos recursos de la historia, como es aquí el Síndrome de Casandra -ver el futuro y que nadie te crea- Proyas crea atmósferas oscuras, pero poco a poco sus planteamientos se van deshaciendo y aquí también ocurre. Esto se hace patente durante la parte más floja del final de la cinta, cuando se le da una explicación a la historia que bordea la frontera entre lo pseudoreligioso y lo New age. En esta se presenta también la idea de que existe un Dios-Demiurgo que controla el destino de todo el Universo como si su mecanismo fuera un reloj.
La película, en el fondo, es poco más que correcta, aunque cuenta con una gran empaque formal. Los efectos especiales son impresionantes, particularmente el final y los accidentes de avión y de metro. Pero en su conjunto flaquea en varias cosas, como la falta de desarrollo de los personajes, la ligereza de todo el conjunto, fruto quizás de querer emplear una narración muy lineal y también por querer dar una explicación demasiado... sencilla -a la vez que trascendente- a lo que sucede y que parece ideado para compensar el (por otro lado, brillantísimo) fatalismo del tercio final de la historia, aunque no lo hace y eso sólo empeora el desenlace.
Hoy mismo leo en Abandomoviez sobre Strawman. Posiblemente sea una marcianada y es más que probable que nunca la veamos, al menos no en pantalla grande. Pero el argumento merece la pena. Un hombre vive solo en el mundo, para evitar la locura ha creado gente, con paja que le ayudan a mantener la cordura... hasta que no puede más.
Con Arrástrame al infierno (Drag me to hell), Sam Raimi regresa al género con el que se dio a conocer -con la trilogía Evil Dead-, el terror. En esta película nos encontramos con una agente hipotecaria (Alison Lohman, que sustituye a Ellen Page), que al no aplazar un cobro hace que una anciana pierda su casa. Esta, en venganza, la maldice. Desde ese momento, su vida irá de mal en peor.
El anuncio no dice gran cosa y lo que cuenta, no es del todo bueno, con los típicos (y tópicos) sustos en los momentos adecuados. Eso sí, lo que está muy, muy bien es el cartel de la cinta. Desde el 29 de mayo en USA, el 31 de julio en España y el 14 de agosto en Argentina.
Hipatia de Alejandría fue una mujer filósofa en tiempos difíciles. Vivió cuando el Imperio romano estaba languideciendo y el paganismo, que ella profesaba, había perdido fuerza frente al cristianismo. Todos estos motivos conjuraron en su contra cuando una turba de cristianos exaltados decidió lincharla.
Este personaje es el protagonista de la próxima película de Alejando Amenábar, Ágora. Rodada en inglés, en localizaciones de Malta, en las que se reproduce la Alejandría del siglo V, cuenta en su reparto con Rachel Weisz, Max Minghella (hijo de Anthony) o Rupert Evans.
Para ver Ágora, con guión de Amenábar y Mateo Gil, habrá que esperar en España al 2 de septiembre y al 18 de diciembre en los USA.
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