sábado, 30 de mayo de 2009

Preview: Girlfriend experience.

Estrenada ya en Estados Unidos, quién sabe si llegaremos a ver la última película de Steven Soderbergh: Girlfriend experience. Pero, pese a las dificultades, no deja de ser interesante ver la vertiente menos comercial del autor, en la que admite estar influido por el Ingmar Bergman de Gritos y susurros y el Michelangelo Antononi de El desierto rojo.
Quien la ha podido ver ha comentado que esta cinta entroncaría con la vertiente más arty del director, en la que cuenta la historia de una prostituta de lujo, encarnada por la actriz de cine para adultos Sasha Grey.

martes, 26 de mayo de 2009

Cine club: Suspiria (1977).


Las tres madres es el título de la trilogía que el italiano Dario Argento dedicó a la brujería. Tres hermanas brujas, que intentan dominar el mundo, aparecen en cada una de las cintas: Suspiria (1977), Inferno (1980) y La terza madre (2007).
De todas, hoy hablaremos de la primera, la que al mismo tiempo -creo- que es de lo mejor del director italiano -Asia aparte...-.


La historia cuenta como una joven americana (Jessica Harper) llega a la alemana ciudad de Friburgo con el fin de ingresar en una exclusiva academia de danza. La misma noche en la que llega, una de las alumnas es asesinada. Pese a ello, aparentemente parece un lugar en el que la nueva alumna disfruta de todas las comodidades, pero poco a poco su estancia allí se convertirá en una pesadilla.

La película se sale un poco de lo que había sido la tónica habitual en Argento hasta esos años, el giallo, para adentrarse en el terreno del terror sobrenatural. Sin embargo, también es cierto que comparte gran parte de elementos con el resto de su filmografía, como la investigación "detectivesca".
Sin embargo, no es la sangre, ni los asesinatos lo que me ha llamado la atención. Es un elemento, aparentemente más superfluo y que aquí adquiere una mayor importancia. El uso de los colores.





Simplemente oscilando entre el azul y el rojo se crean una sensación de pesadilla, en lo que también jugó una parte importante el uso del tecnicolor. Y eso a través de la habilidad (y las dotes) de Dario Argento para contar una historia de terror, manejando perfectamente el tempo de la narración y, a un tiempo, creando imágenes de inquietante belleza... ante lo macabro que presenciamos.

Es interesante, por otro lado, como se contraponen dos mundos. El de fuera, con la escuela de danza. Esta parece formar parte de una realidad paralela, femenina e íntima, en la que lejos de la aparente seguridad, todo parece más siniestro y fantasmagórico.
En esta línea, también merece la pena destacar que, en el fondo, con Suspiria, Argento nos presenta un cuento. Con sus arquetipos... la chica inocente, la bruja mala... y sus resortes narrativos.
Una cosa que he leído, no sé si es cierta, es que la idea del italiano era utilizar a actores niños para filmar, con lo que el efecto habría sido más evidente (algo parecido a lo realizado en Phenomena, con una jovencísima Jennifer Conelly).

Otro elemento más -gracias al Dr. Quatermass por señalarmelo en un comentario- es la música. De la mano del grupo de rock progresivo Goblin, que contribuye a reforzar la sensación malsana que llena la pantalla.

viernes, 22 de mayo de 2009

James G. Ballard (1930-2009).

Hace poco más de un mes fallecía James Graham Ballard y no quería dejar de dedicarle un poco de espacio. Autor inglés, en su relación con el cine, quizás su aportación más popular vino de la mano de Steven Spielberg con la adaptación de la autobiográfica El imperio del Sol. En ella, un jovencísimo Christian Bale encarnaba al Graham que vivía en Shanghai durante la II Guerra Mundial, cuando la ciudad fue ocupada por el ejército japonés y los extranjeros recluidos en campos de concentración.

Pero muy probablemente la adaptación más fiel, al menos en su espíritu, de una obra de Graham fue la que realizó David Cronenberg de la novela Crash.

La visión de Ballard del mundo era muy personal. Pesimista, descreída, por la que pululaban individuos que bordeaban la locura y la autodestrucción.

En qué creo
James G. Ballard
Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.

Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.

No creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.

Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.

Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.

Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.

Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.

Creo en la muerte de laa emociones y el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperanza.

Creo en todos los niños.

Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.

Creo en todas las excusas.

Creo en todas las razones.

Creo en todas las alucinaciones.

Creo en toda la rabia.

Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

jueves, 21 de mayo de 2009

Grandes momentos de la historia del cine: Bowling for Columbine (2002).

Ahora que recientemente Michael Moore ha pasado por este blog, me gustaría recordar un fragmento de Bowling for Columbine, en el que en poco más de tres minutos se cuenta una parte de la historia de los Estados Unidos...

martes, 19 de mayo de 2009

Preview: Sherlock Holmes.

Todavía toca esperar. En España y Argentina, hasta el aún lejano 15 de enero de 2010, aunque en los USA el estreno es el 25 de diciembre, para ver Sherlock Holmes. La película que con el personaje homónimo se ha encargado de dirigir Guy Ritche. Habrá que ver que tal se desenvuelve lejos de los bajos fondos londinense... aunque, quizás la historia, no le resulte tan lejana...

El reparto, cuenta con Robert Downey Jr., como el investigador; Jude Law, Watson; Rachel McAdams y Mark Strong.

Star Trek XI


Por Space opera se entiende al subgénero de la ciencia ficción donde se relatan historias acerca de aventuras espaciales tratadas de forma romántica. Se puede considerar la space opera como la continuación natural de las novelas de aventuras sobre escenarios y temas de ciencia ficción. Los personajes suelen pertenecer al arquetipo héroe-villano, y los argumentos típicos tratan sobre viajes estelares, batallas, imperios galácticos... (el texto no es mío, sale directamente de la wikipedia). De este modo, podemos incluir en esta definición a películas como Stargate y las de Star Wars, o la que nos ocupa, Star Trek.

Cuando la serie había dejado de interesar a gran parte del público llega esta nueva entrega, la décimo primera. Para ella, los productores han querido darle un giro, radical acudiendo a los orígenes de la historia... vamos, lo que sucedió con James Bond y Casino Royale, con la que comparte un interés en darle una dimensión "real" a lo contado. Vemos de donde vienen los distintos personajes y presenciamos cosas que habían constituido una referencia constante a lo largo de una decena de cintas. Y eso, al mismo tiempo mientras se cuenta una historia totalmente trekkie, de tal manera que viajes interespaciales, extraterrestres, naves espaciales... van sucediéndose en pantalla.

Creo que sobra ya decir que está dirigida por J.J.Abrams, responsable -entre otros- de series como Lost o Alias, a quien se puede considerar artífice del mérito de la película a través de la manera más sencilla. Mediante el camino de darle importancia a las relaciones entre personajes, por lo menos, en igual medida que a los efectos especiales.
Aún a pesar de ciertos tópicos - particularmente las escenas del Kirk niño me resultaron un tanto chirriante, y parte de la composición de Chris Pine- si que está muy bien en el sentido que casi todos los personajes cuentan con más matices de lo que suele ser habitual, o más que eso, es que se encuentran muy bien caracterizados, así como las interrelaciones que se establecen entre ellos. De esta manera, pese a que algunos salen poco tiempo (Simon Pegg), eso no significa que resulte menos lucido. Destacaría en el reparto al británico Pegg; a Zachary Quinto, quien compone un interesante y complejo Spock; a Karl Urban y el contrapunto que significa entre los protagonistas, también a Zoe Saldana y -aunque se le ve poco- a un solvente Bruce Greenwood. Aparte dejo a Eric Bana, que está bien, dentro de un papel que, a priori, tampoco permite más lucimiento.

Cierto es que los efectos especiales no dejan de ser importantes, ni los giros espacio-temporales, (sin los que Abrams, parece,, no sería feliz) así como ciertas referencias a otras obras del director/productor -la materia roja-. Igualmente, existen ciertas cuestiones, en lo que se refiere a la narrativa que no me terminan de convencer, de manera que cierta parte central de la película parece más una sucesión de postales espectaculares... casi "a la manera" Star Wars.

Pero en líneas generales la película logra ser lo que quiere, un gran entretenimiento. Espectacular, que quizás no va más allá, cayendo en algunas concesiones al cine más palomitero y con un guión que flojea en algunos momentos, pero que cuenta con alicientes para ser vista.

viernes, 15 de mayo de 2009

Preview: The Road (La Carretera) -2-.

Estaba a punto de acostarme cuando me he llevado una más que agradable sorpresa. Ya está disponible el trailer de La Carretera (The Road). Adaptando a Corman McCarthy, la película de Jim Hillcoat, narra la historia de un padre (Viggo Mortensen) y su hijo (Kodi Smit-McPhee) que deambulan por un mundo postapocalíptico, donde la sociedad -sumida en la barbarie- queda reducida, prácticamente a la nada.

El estreno está previsto para este agosto en los USA y, por lo que he oído, se ha visto retrasado con la idea de favorecerla de cara a la próxima edición de los Oscars.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Sicko.

Me niego. Ya me doy por vencido. No diré nada sobre la política de los distribuidores españoles. La película que hoy nos ocupa, Sicko, que se ha estrenado el pasado 30 de abril de este año en España, llega con dos años de retraso. No hablamos de un director marginal o desconocido, ni de una película que no atraiga al público. Sin embargo, así es...

De Michael Moore se dicen muchas cosas. Dos, quizás, por encima de otras. Una que es un egomaniaco y dos, que tergiversa la realidad, para llevar sus historias a su terreno.
Y es posible.
Sin embargo, en un panorama cinematográfico tan,por momentos, políticamente correcto se hace necesaria una figura como la suya. Alguien que es capaz de utilizar el cine como arma y herramienta para denunciar lo que el considera que no funciona en la sociedad. Particularmente en la suya, la norteamericana, que -en cierto modo- es la nuestra.
En esta ocasión, Sicko, el director nacido en la ciudad de Flint ataca al sistema médico de los Estados Unidos, comparándola con la que se puede encontrar en otros países e incluso en la base militar de Guantánamo.

A diferencia de lo que ha sucedido en sus cintas anteriores, en las que era la administración Bush el objeto de sus iras, en esta es todo un sistema. No hay un delirante Charlton Heston, ni un presidente inepto. Lo que nos encontramos es con una entramada red en la que entrecruza la administración y el sistema de aseguradoras, que interesadas en el rendimiento económico, son capaces de poner precio a la salud. Y, peor aún, buscar estrategias para no prestar servicio a sus clientes.

Dos son las cosas que más me llaman la atención (o me inquietan) de la película. El primero, la comparación con Europa (y Canada). Me plantea la duda de, si realmente, aquí vivimos en una especie de sociedad ideal en la que todas nuestras necesidades están cubiertas... y no es así. Por otro lado, me lo intento plantear desde la perspectiva del espectador estadounidense. Si bien, es algo manipulador en su planteamiento, que mejor manera de confrontar su sistema con el nuestro, en el que (al menos por ahora) no es más importante el beneficio económico de la empresa que el bienestar de los enfermos.
El otro trozo de la película que destacaría es el último. En él, Moore y los pacientes cuyos casos se han ido contando van hasta la (diabólica) isla de Cuba. Primero a solicitar atención médica en la base de Guantánamo y luego a un hospital público cubano.
No sé. La conclusión a la que se llega al final, sobre la proximidad de los opuestos y la reivindicación de, por encima de todo, lo correcto para la sociedad hace que todas las trampas, las triquiñuelas que usa el realizador pasen a un segundo plano.

martes, 12 de mayo de 2009

Antonio Vega: Lucha de gigantes.

Esta canción -Lucha de gigantes- formó parte de la banda sonora de Amores perros. Pero hoy no está aquí por eso. De hecho, aunque no tuviera nada que ver con el cine, creo que a ninguno le parecería mal que apareciera -en un día como hoy- Antonio Vega.

lunes, 11 de mayo de 2009

Preview: District 9.

Con la película que presento me sucede como con Straw man. A sabiendas de que difícilmente llegara al gran público, me ha enganchado.
En este caso hablo de District 9, de la que he leído en Abandomoviez. Producida por Peter Jackson, está dirigida por Neill Blomkamp y se estrena en los USA el 14 de agosto y en Argentina el 8 de octubre. La trama de la película gira en torno a unos extraterrestres que son encerrados en un campo de concentración, el distrito 9 del título, situado en Sudáfrica.

La curiosidad de la película es ver como habla de un getto en el que son confinados los extraterrestres situado en un país, el director es sudafricano de nacimiento, cuya historia está marcada por la política segregacionista del apartheid.

viernes, 8 de mayo de 2009

Grandes momentos de la historia del cine: El crack (1980).

Pocas veces se ha dicho tanto con tan pocas palabras...

En 1980, José Luis Garcí rodó una película de verdadero cine negro. Con un Alfredo Landa de protagonista que ya dejaba atrás sus personajes cómicos para enseñarnos una España que salía del Régimen, desde los ojos de un individuo digno de una novela de Dashiel Hamett. Un expolicía enamorado de una enfermera, al tiempo que duro y curtido.

martes, 5 de mayo de 2009

Preview: Star Trek XI (2).

El 8 de mayo se estrena en todo el mundo la décimo primera entrega de la serie Star Trek. La última, que al tiempo es la primera. Poco más o menos es lo que Casino Royale a James Bond, una explicación del origen de los personajes. Para ello emplea una perspectiva "realista", que -personalmente- que ha recordado a la estética de la serie Battlestar Galactica.

Para ello cuentan con JJ Abrams en la dirección y delante de las cámaras un reparto joven, con algunas caras muy conocidas. Chris Pine como un joven Capitán Kirk, Zachary Quinto como Spock a los que se unen otros como Eric Bana, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, John Cho, Simon Pegg y.... Leonard Nimoy.

lunes, 4 de mayo de 2009

Grandes momentos de la historia del cine: Apocalipsis now (1979).

Una película clásica, que todavía no había pasado por este blog es Apocalipsis now. La titánica obra de Francis Ford Coppola en la que adaptaba y trasladaba a la Guerra de Vietnam la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. De ella se pueden extraer muchísimas cosas, pero hoy veremos el gran momento de Marlon Brando, en la que su personaje -el Coronel Kurts- le explica al hombre enviado a matarle -el capitán Willard (Martin Sheen)- qué es el horror.


Y en versión original (aunque no en la mejor calidad).

sábado, 2 de mayo de 2009

Control.

La vida (y muerte) de Ian Curtis (1956-1980) reune todos los ingredientes para hacer que su figura ascienda a la categoría de mítica junto a otros como James Dean o River Phoenix. Antes de los veintitrés años, edad a la que se suicidó, se casó, tuvo una hija y lideró una banda de tremendo impacto, Joy Division. De personalidad complicada y taciturna, este carácter se agravó con un brote de epilepsia y tras mantener una relación paralela con una periodista belga, que provocó que su matrimonio entrara en crisis.


Anton Corbijn, es un fotógrafo holandés, reconocido por sus fotografías y vídeos, que en los últimos setenta se trasladó al Reino Unido, especializándose en grupos de rock. Entre ellos, Joy Division. Ahora se encarga de dirigir Control en la que cuenta la vida de su líder a partir de la biografía que escribió su viuda, Deborah (Touching from distance).


Lo primero que me ha encantado de la película es la fotografía de Martin Ruhe, en la que a su vez se ve la influencia del holandés. Resulta muy acertado el uso del blanco y negro, empleado a su vez porque -como dice él- así es la imagen que el director guarda en su memoria de la época. Esto, al tiempo se une al ritmo pausado de la narración en la que huye de cualquier barroquismo formal o narrativo. Es interesante la contraposición que se puede establecer con la película de Michael Winterbottom 24 hour party people. Esta se sitúa en el mismo periodo, a través de un personaje aquí secundario, Tony Wilson, el dueño de la mítica Factory records.

De otra parte el trabajo actoral resulta fundamental en la historia, en general de todos, pero destaco a dos. Sam Riley esta inmenso, brillante, como Ian Curtis. Clava su manera de cantar y actuar en escena, así como su característica manera de bailar, a lo que se unen sus silencios, la incapacidad para comunicarse, su tendencia a la autodestrucción, que humaniza al personaje.

No menos destacable me parece la interpretación de Samantha Morton, como la esposa del cantante. Sublime, en su manera de desenvolverse, sus gestos y su manera de mirar. Encarna a una chica de clase obrera que no es capaz de entender a su marido y pese a todo no deja de amarle. Lo hace magníficamente, con un aplomo tremendo, mientras intenta comprender lo que sucede, hasta que llega un punto en el que todo explota -en una escena que pone los pelos de punta-.

La factura formal de la película es imponente, genial. Pero donde si hay más lagunas es en lo que respecta a la historia. Hay puntos importantes que no parecen quedar del todo cerrados como es el de la relación entre Ian y su esposa, más bien el origen de sus problemas. Estos se ven, pero no sabemos cuando comienza todo. Algo por el estilo sucede con su relación con la belga Annik Honoré. Queda clara la situación que se presenta con ambas, lo que significa cada una de ellas. La vida de casado, que le parece gris y tediosa, frente a la emoción que le transmite su amante. Pero falta algo, realmente no queda claro la raíz de la infelicidad de su matrimonio o si esta es algo que arrastra el protagonista.

Sin embargo, y a pesar de lo dicho, la película tiene cosas admirables. La atmósfera que rodea toda la historia, la hermosa tristeza que vemos acumulada durante todo el metraje y unas interpretaciones soberbias la hacen más que interesante.