martes, 9 de marzo de 2010

Corazón rebelde (Crazy heart).

Creo que ciertas historias no se agotarán nunca. Todo depende de que estén bien contadas, que resulten creíbles o de que, en definitiva, nos transmitan emociones. Algo así es lo que sucede con Corazón Rebelde (Crazy heart). Lo que cuenta, ya lo hemos visto muchas veces, pero su honestidad y su sensibilidad -creo- logrará conmovernos a todos.

Bad Blake (Jeff Bridges) es un músico de country. En algún momento de su carrera fue una estrella, pero ahora apenas subsiste, recorriendo miles de kilómetros para tocar en locales de mala muerte. Todo va cuesta abajo hasta que un día se le presenta una oportunidad para enderezar su vida.

El guión de la película se basa en la novela del mismo título de Thomas Cobb, aunque creo que guarda muchos paralelismos con la cinta dirigida por Darren Aronovski El luchador. En ambas encontramos un protagonista que gozó de mucha popularidad en el pasado, que ahora malviveen ambientes sórdidos, alejado de una familia a la que hace tiempo dejó atrás y a los dos se les ofrece la oportunidad de volver a ser quienes fueron y también de redimirse, a través del amor. No deja de ser curioso como en las dos los esto se encarna en mujeres luchadores, separadas y con hijos.
Otra cosa llamativa se refiere a la manera en la que se han construido sus personalidades. Si Rany (Mickey Rourke) era The Ram, Otis (Bridges) es Bad. Malo. Caracteres gracias a los cuales se han podido enfrentar a la vida y que en el caso de este Corazón Salvaje se va desprendiendo, capa a capa, de nuestro protagonista.

Esto es una de las cosas más interesante de la película, se trata de un recorrido hacía la recuperación de la identidad original de Blake. Destrozada por sus divorcios y por la pérdida de su hijo, que intenta recuperar, primero a partir de otro músico del que se ha convertido en mentor (Tommy/Colin Farrell) y luego a partir del hijo de una periodista de la que se enamora. Interpretada por Maggie Gyllenhaal, su conexión en pantalla con Bridges -preciosa su historia de amor, aunque haya quien se queje de la diferencia de edad- nos da alguno de los mejores momentos de la pantalla (y habría merecido más tiempo en pantalla).

Capítulo aparte merece la maravillosa interpretación de Jeff Bridges. Él es el motivo por el que ver la película. Su rostro es el reflejo de la vida del personaje. Quizás no compartamos su manera de actuar, pero tiene una dimensión humana tan acentuada que con su mezcla de humor y patetismo, logra que simpaticemos totalmente con él y que entendamos su evolución.

Destacaría también la música, que se inserta perfectamente en la acción, -como en la que canta I used to be somebody/Now I’m somebody else-Yo solía ser alguien/Ahora soy alguien distinto, reforzando su contenido y que sirve para introducirnos en esa América profunda, donde parece que el tiempo se ha parado y no existe la esperanza.

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