sábado, 20 de marzo de 2010

Daybreakers.

Hace unos cuantos años los hermanos Spierig alcanzaron cierta fama -sobre todo para los aficionados al terror y fantástico- con una curiosa (y muy recomendable) propuesta, Undead. En ella se mezclaba el terror zombi, las invasiones extraterrestres, gore y bastante humor. Ahora, con más presupuesto y actores de renombre dirigen Daybreakers.


Nos situamos en el año 2019. Una epidemia ha transformado a parte de la población en vampiros. Otros muchos han optado, voluntariamente, por convertirse. Mientras tanto, los humanos que quedan son perseguidos o viven como fuente de alimento para la población vampirizada. Esto provoca que haya cada vez menos sangre y que encontrar una alternativa se convierta en una cuestión decisiva para ambas razas.

En 1922 Murnau llevó a la gran pantalla a Nosferatu, una adaptación apócrifa del Drácula de Bram Stoker. El vampiro, en sus orígenes era una criatura malvada que llevaba consigo la enfermedad. Por eso, llama tanto la atención como a lo largo de los años su figura se ha ido refinando, el vampiro se ha ido adaptando, pasando de ser un héroe romántico con la figura de Christopher Lee hasta llegar al extremo último de Crepúsculo en el que es un icono adolescente. Evidentemente, hay que contar con excepciones, como por ejemplo Déjame entrar. Pero, sin llegar al extremo de querer ser revolucionaria y (creo) sin las pretensiones de serlo Daybreakers se nos presenta como un entretenimiento cumplidor.

El planteamiento no deja de ser curioso, presentándonos un mundo alejado de la luz solar en donde la tecnología y la vida cotidiana se han tenido que adaptar a una existencia nocturna. Al mismo tiempo, le corresponde una ambientación futurista mezclada con una imagen muy elegante, muy años cincuenta en el aspecto de los vampiros. Frente a ellos, los humanos que se muestran como desprovistos de todo glamour y como grupo minoritario y perseguido, lo que resulta una curiosa inversión del cliché clásico.

Las interpretaciones... en su mayoría, correctas. Ethan Hawke en su línea, cumpliendo como su habitual personaje triste; San Neill, bien y me quedaría, sobre todo, con Willem Dafoe que da un poco el contrapunto con un personaje un poco más alocado que el resto.

Daybreakers cumple, divierte con sus excesos, tiene alguna que otra secuencia que impacta, pero quizás el final que resulta un poco anticlimático, dejando una sensación fría, de desenlace forzado.

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