domingo, 31 de enero de 2010

Donde viven los monstruos (Where the wild things are).

Adaptar Donde viven los monstruos (Where the wild things are) parecía cualquier cosa menos fácil. La obra original, de Maurice Sendak, es un libro con apenas una decena de frases que sintetizan una historia, cuando menos curiosa. En ella, el protagonista es un niño que no sólo no huye de los monstruos, al contrario, encuentra en ellos a sus compañeros ideales de juego, con los que se siente seguro e integrado.

Max se ha portado mal, ha discutido con su madre y, por eso, ha huido de su casa. Lleva a orillas del mar. Encuentra una barca. Se monta en ella y llega a una tierra extraña, habitada por unos seres gigantescos y monstruosos, que lo nombran rey.

Decía Jonze, que esta película no es para niños, sino que se trata de las dificultades de ser niño, de las dificultades que implica sentirse fuera de lugar. En la película, el vehículo para expresar este sentimiento no es otro que la violencia. Esta es habitual en el cine, es un hecho, pero en no demasiadas ocasiones aparece como un medio para transmitir algo. Al inicio de la película, el protagonista (Max/Max Records, que me ha gustado mucho, como Catherine Keener en el papel de madre) se presenta -casi- como un pequeño salvaje, en sus juegos hay un trasfondo violento, pero que solo encierra la frustración de sentirse incomprendido. Cuando llega a la isla de los monstruos, es esta violencia la que le pone en contacto con ellos, pero también es allí donde aprende que esta tiene consecuencias.

Una cosa llamativa es como a partir de un material ajeno, y de ragos tan marcados, el director ha construido un relato que se inserta en la dinámica de sus otras películas (Cómo ser John Malkovich y El ladrón de orquídeas). Estas se han caracterizado porque se presentan realidades paralelas, que se entrecruzan y se confunden. Esto es lo mismo que sucede en Donde viven los monstruos, que se aprovecha de un cambio, sencillo pero significativo, en el guión de Jonze y David Eggers, frente al original. En este, la historia era un relato imaginado por Max; en la película el viaje se presenta como una experiencia real, aunque salpicada con elementos que parecen venir de la psique del protagonista y otros que guardan paralelismos con su vida "real" y que buscan que los adultos recordemos lo que significa ser niño.

Además de todo ello, la película cuenta con más cosas interesantes. De una parte la música de Karen O, por otra los efectos especiales que dotan de vida a los monstruos -con referencias muy claras a las criaturas de Jim Henson- y, un tercer aspecto, como el mundo de Sendak se ha visto enriquecido al cruzarse con otro creador de imaginación desbordante como es el caso de Spike Jonze, quien ha hecho el mundo del libro más grande. Algunos ejemplos: los buhos, el lecho de monstruos en el que duermen o el fuerte que construyen en la isla... que al tiempo parece constituir una hermosa metáfora de la construcción de la identidad del niño, a partir de la confianza en sí mismo.

jueves, 28 de enero de 2010

Zelda Rubinstein (1933-2010)

Zelda Rubinstein. A muchos, ese nombre no les dirá nada. Pero es de esos personajes a los que indefectiblemente asociamos a un personaje y eso hace que se ganen un lugar en nuestro "olimpo" cinematográfico particular. ¿No lo creen?

¿Qué me dicen ahora de la Señora Rubinstein?

miércoles, 27 de enero de 2010

Grandes momentos de la historia del cine: Esencia de mujer.

Esta es una de esas escenas que define el mensaje de una película y que todos tenemos en mente. Bueno, al menos, deberíamos. Esencia de mujer, 1992. O dicho de otra manera, el único Oscar que ha ganado Al Pacino. Vale, los premios no son un buen baremo, pero hay cosas que claman al cielo...

lunes, 25 de enero de 2010

Celda 211.

La cárcel, las prisiones y sus internos han tenido siempre una especial relación con el cine. Encerrar a hombres (y mujeres), privándoles de toda libertad -más allá de la que encuentren en sus cabezas- le da a las relaciones humanas un nuevo significado. Transformar a los presos en bestias, objetos privados de libertad hace que todo, que muchas veces se magnifica. Las relaciones pasarán a ser de poder o dependencia, convirtiéndose en un reflejo -a veces grotesco- de nuestra realidad.

En Celda 211 acompañamos a Juan Oliver (Alberto Ammann). El día antes de comenzar a trabajar como funcionario en una prisión acude a ella para conocer el centro. Pero justo, ese día, comienza un motín. La única esperanza que le queda para sobrevivir es hacerse pasar por un recluso más y ganarse su confianza.

Hay varias cosas que me gustaría destacar de la película, dirigida por David Monzón y en la que adapta la novela de JFrancisco Pérez Gandul. De un lado el aspecto a formal. La historia se desarrolla en tres escenarios, bastante definidos, que se van interrelacionando en diversos momentos -casi a modo de los círculos del infierno de Dante- y que, al mismo tiempo, actúan como motor dramático de la historia.

Está el exterior, donde prima la presencia de Elena (Marta Etura), la esposa de Juan. Ella se nos presenta de un modo idealizado, a través de flash backs muchas veces, y como un fin, una esperanza para Oliver de mantener la esperanza.
Luego se encuentra el segundo círculo, el de los funcionarios. A su manera, estos también están encerrados, entre la libertad y la cárcel. Mantienen un juego con los presos y con el mundo externo. Manipulando la realidad (o intentándolo) a su conveniencia. En este sentido hay tres personajes interesantes, que representarían ciertos tópicos, una suerte de figuras icónicas; tenemos a Utrilla (Antonio Resines), un funcionario duro, al que no le importa utilizar la violencia física para obtener sus fines; a Armando (Fernando Soto), quien intenta anteponer su "humanidad" a su deber como funcionario y, por último a Almansa (Manuel Morón), quizás la figura más perversa de todas. El, como los generales de Senderos de gloria tiene un objetivo -finiquitar el motín- y no le importa utilizar todos los recursos -incluso los más sibilinos- necesarios para lograrlo, aunque eso implique sacrificar a sus peones.
Por último, la prisión. Aquí todo gira en torno a Oliver y a Malamadre, además de unos secundarios que destilan veracidad -para ellos si usaría esa expresión de actores de "carácter", porque detrás de todos ellos parece latir una historia.
De los protagonistas, querría destacar al recluso al que interpreta Luis Tosar, Malamadre. Sólo puedo decir que está MAGNÍFICO. Es una especie de general que camina entre sus tropas y cuya caracterización parte, sobre todo, de su voz. Por momentos -sobre todo al principio- parece casi una bestia irracional pero, poco a poco, se nos muestra como un líder que actúa con unos motivos. Lo que es implica un juego interesante por parte del director, entre las cuestiones éticas que impulsan el motín y la brutalidad con la que este se desarrolla.
Por otro lado, también destaco a Alberto Ammann que comienza como un individuo débil, que hace lo que sea por sobrevivir, pero que se va transformando, endureciéndose ante nuestra mirada.
De hecho, propone una situación muy curiosa, en el sentido que entre los dos personajes se nos plantea la importancia de las necesidades... para el "malo" lo importante son las necesidades de los demás; para el "bueno" las suyas. Ambas son correctas, las dos nos plantean hasta que punto llegaríamos para sobrevivir, pero también nos proponen un interesante juego moral.

La película me parece muy buena, sabe jugar con la trama y la sensación creciente de tensión, además de que -inteligentemente- va metiendo cosas, la crítica social, referencias al terrorismo, etc. Lo que me parece también muy curioso es que lo hace a través de una puesta en escena muy teatral, pero que me gusta, que le da fuerza, valor, a las interpretaciones (a la palabra) de los actores.

También es cierto que hay un aspecto que me plantea ciertas dudas, fundamentalmente en lo que respecta a dos personajes, los interpretados por Marta Etura y por Antonio Resines. Los suyos, son los más estereotipados en el sentido que representan ciertos.... "tópicos": la esposa/el funcionario violento. Entiendo perfectamente cual es el papel de cada uno en la función, de hecho son el motor de la segunda mitad de la trama, lo que hace que tras la primera hora en la que se nos plantea la acción, esta adquiera una dimensión un tanto más intima y, al tiempo, más dramática. Sin embargo, el problema es que la situación que plantea me resulta un tanto forzada.

Pero a pesar de este aspecto, es una película magnífica. Cuenta con unas interpretaciones prodigiosas -tanto en los protagonistas, como en los secundarios-, sobre todo (una vez más) la de Luis Tosar; con una trama sólida y una gran dirección que mantendrá al espectador en tensión de forma permanente.

viernes, 22 de enero de 2010

Grandes momentos de la historia del cine: La serpiente y el arco iris.

Asumo que más de uno, con esta entrada me tildará de oportunista, poco imaginativo o incluso, insensible. Pero por otro lado, con lo que está pasando en Haití me parecía oportuno hacer alguna referencia y creo que, inevitablemente, en nuestra mente el nombre de ese país del Caribe está asociado a la religión vudú, que si que ha contado con una presencia importante en el cine. Así que por eso viene una escena que, quizás sin ser especialmente llamativa, si espero que nos sirva para no olvidarnos de Haití dentro de un par de semanas cuando ya no aparezca en portada en los Medios de Comunicación.
Aquí tienen un fragmento de La serpiente y el arcoiris (The serpent and the rainbow, 1988) de Wes Craven.

lunes, 11 de enero de 2010

Preview: Desde mi cielo.

Por lo que he podido oír la crítica norteamericana le está dando bastantes palos a la última película de Peter Jackson. En ella adapta la novela Desde mi cielo (The lovely bones) de Alice Sebold -quien a su vez cuenta con una biografía tremenda-. La historia adopta el punto de vista de una niña de catorce años, asesinada que desde el más allá ve como se desarrolla la vida de su familia y su asesino.

Desde mi cielo se estrena el próximo 29 de enero en España. En su reparto: Mark Wahlberg, Rachel Weisz, Stanley Tucci, Susan Sarandon y Saoirse Ronan (la niña protagonista de Expiación).

viernes, 8 de enero de 2010

Avatar.

Mucho, muchísimo se ha hablado de Avatar, el tan traído y llevado retorno de James Cameron a la dirección cinematográfica tras el éxito de Titanic y haberse -durante los últimos años- dedicado a la televisión y al documental.

En la película nos encontramos a Jake Sully (Sam Worthington), un exmarine paralítico enviado al planeta Pandora para sustituir a su fallecido hermano gemelo en el proyecto Avatar. En este la mente de un humano es tranferida a un cuerpo similar al de la raza habitante de este mundo, los Na´avi, quienes se han mostrado tremendamente hostiles ante la presencia humana, presente para explotar la riqueza minera de su mundo.


Avatar es una película con una evidente vocación comercial y familiar. La primera está más que clara, James Cameron es uno de esos directores especializados en romper las taquillas; más llamativo es el segundo aspecto, de manifiesto en la omisión de la violencia, presente en otras cintas del director. Frente a Aliens o Terminator, esta sería casi una película de la Disney.
Puede que la decepción que para muchos ha supuesto Avatar encuentre su raíz en esto. Se esperaba una historia potente y en su lugar lo que se ha visto es deslumbrante, pero vacío. Porque Cameron sabe como contar una película, le da ritmo, pero la cuestión es que no dice -prácticamente- nada. Y no creo que el problema sea el mensaje ecologista que encierra, pero si que la historia sea floja. Y si partimos de que el guión es débil... ¿qué podemos encontrar?

Si tengo que admitir que me ha gustado ver ciertos elementos en común con el resto de sus películas. La presencia de grupos cerrados, los personajes duros (aquí Sigourney Weaver y un notable Stephen Lang); la desconfianza ante las grandes corporaciones comerciales y los entornos extremadamente hostiles se ven aquí como ya se había hecho antes en Aliens, Terminator 1 y 2, Titanic, etc.

Dejando de lado el notabilísimo aspecto técnico, destacaría Avatar en su faceta estética -que ha sido bastante discutible para algunos-. Se trata de un mundo deslumbrante, barroco, apabullante... donde hay unas referencias muy claras. El mundo de los indios norteamericanos en los Na´avi; la prehisoria, en los seres que habitan el planeta y un guiño autorrefencial, con los enromes robots que manejan los humanos. Y me atrevería a ir un poco más allá y atreverme a señalar paralelismos con elementos de la religión hindú, como en la idea del avatar, la imagen de la divinidad, que en el caso de Vishnú es mostrada con piel azul.

Pero más allá de todo ello, de que los Na´avi puedan o no parecerse a pitufos de tres metros, etc. el problema de la cinta es otro. Se encuentra en la manera de contarla y no me refiero a que parezca una versión de Pocahontas en el espacio, una idea que ya Terrence Malick recogió para la maravillosa El nuevo mundo. Lo malo no es lo que cuenta, ni el mensaje y casi tampoco los tópicos... la cuestión es que el guión es flojo. Hay cosas que aparecen y desaparecen, sin más. Elementos de la historia que se dan de golpe, y otros -como el mineral-, poco más que una excusa e incluso personajes como el de Giovanni Ribisi, quien desaparece -casi de golpe-; tras un par de escenas y luego... nada. Más grave, creo que incluso entre los personajes protagonistas hay cosas que se pierden, es el caso de Sam Worthington, quien contaba con un personaje que podría haber dado mas de sí.

He leído críticas en las que se habla de como Avatar redefine el concepto de cine-espectáculo, pero no sé, para mí el cine tiene que ser otra cosa. Tiene que tener algo detrás. La he visto, me ha gustado, he disfrutado haciéndola, pero le falta algo que la haga trascender. En un año como el pasado, en el que la cosecha de ciencia ficción ha sido notable, Distrito 9 o Moon, con menos medios películas son capaces de decir muchísimo más y no me refiero a reflexiones sobre el ser humano, sino al hecho de contar una buena historia que entretenga y divierta.

jueves, 7 de enero de 2010

Preview: En tierra hostil.

Precedida de muy buenas críticas y con la vitola de ser la mejor película de 2009 llega el próximo 29 de enero a España (11 de febrero a Argentina) En tierra hostil (The hurt locker).

Dirigida por Kathryn Bigelow cuenta en su reparto con Jeremy Renner (quizás la cara más conocida, visto en 28 meses después), Anthony Mackie y Brian Geraghty, además de otras famosas como Guy Pearce, Ralph Fiennes o David Morse, se trata de un trama en el que se narra la historia de un grupo de soldados especializados en la desactivación de bombas en misión en Iraq.